Categoría: Punto de mira

Ultima hora: más para el debate

Tal y como lo habíamos previsto, el debate lanzado desde La Habana ha ido formando ondas en las, sólo en apariencia, tranquilas aguas del exilio intelectual cubano, y aunque todavía se manifiestan pocos a través de la letra escrita, nos llegan noticias, mensajes, twits, etc., dando fe de que ha sido un tema muy debatido y en el cual se manifiestan todas las tendencias: los que piensan que hablar da lo mismo, los que creen que se trata de una jugarreta de los gobernantes cubanos a la cual no hay que hacer eco, los que entienden necesario una proyección personal sobre el asunto… y hasta el infinito, cubano el infinito, por demás.

Comenzamos entonces a reproducir aquí algunos de esos artículos escritos fuera del debate:

Participan en este Punto de Mira

Alberto Lauro

Alberto Lauro

(Cuba, 1959) Poeta, escritor y periodista. Autor del poemario Con la misma furia de la primavera (1987) y de los libros para niños Los tesoros del duende (1987) y Acuarelas (1990), todos premiados en Cuba, además de los poemarios Parábolas y otros poemas (1977), El errante (1994), Cuaderno de Antinoo (1994). En el año 2004 fue galardonado en España con el VI Premio Odisea de Literatura por su novela En brazos de Caín. Obtiene en 2011 el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza por su poemario Hijo de mortales.

Alberto Muller

Alberto Muller

Escritor y periodista. Profesor de la asignatura Periodismo: Ética y Leyes  en la Universidad de Miami. Fundador del Directorio Revolucionario Estudiantil, que luchó contra la dictadura de Castro, por lo que sufrió 15 años de prisión política en las cárceles de Cuba. Autor de una amplia obra literaria y ensayística, entre sus libros: la novela Monólogo con Yolanda y los ensayos históricos El proyecto Varela y Retos del Periodismo.

Andrés Reynaldo

Andrés Reynaldo

Por más de 20 años ha mantenido una presencia en periódicos y revistas de Estados Unidos, América Latina y España. Nacido en Cuba en 1953, ha vivido desde 1980 entre Miami, San Juan de Puerto Rico y New York. Desde 1989 es columnista habitual de El Nuevo Herald. Además de los asuntos de actualidad local, nacional e internacional, escribe sobre arte y literatura. Ha ganado varias distinciones por su labor periodística. Actualmente dirige la sección dominical Séptimo Día de El Nuevo Herald.

Antonio Álvarez Gil

Antonio Álvarez Gil

(Cuba, 1947). Ha publicado Una muchacha en el andén (1986), Unos y otros(1990), Del tiempo y las cosas (1993), Fin del capítulo ruso (1998), Las largas horas de la noche (2000 y 2003), Naufragios (2002), Delirio nórdico (2004), Nunca es tarde (2005), La otra Cuba (2005). Desde 1994 reside en Estocolmo. Acaba de publicar las novelas Después de Cuba en la editorial española Baile del Sol y Perdido en Buenos Aires (2010), con la que obtuvo el Premio Internacional “Mario Vargas Llosa” 2009.

Antonio José Ponte

Antonio José Ponte

(Cuba, 1964). Poeta, ensayista y novelista. Obtuvo el Premio de La Gaceta de Cuba en 1998. Ha publicado, entre otros: Asiento en las ruinas, (poesía) 1997; Los ensayos Ramón Alejandro, Art Tribus´s, Angers, 1999 y Un seguidor de Montaigne mira a La Habana / Las comidas profundas, Verbum, Madrid, 2001; In the cold of the Malecón & other stories, San Francisco, 2000, y Cuentos de todas partes del Imperio, Deleatur, Angers, 2000, y la novela Contrabando de sombras, Random House-Mondadori, Barcelona, 2000. Su libro más reciente es Villa Marista en plata (Colibrí, 2010).

Arnoldo Tauler López

Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Fue miembro de la UNEAC, investigador literario de la Academia de Ciencias de Cuba y director y escritor de programas de televisión. Ha publicado, entre otros libros, las novelas: Los siete pasos del sumario, Los centinelas de la aurora, Cagüeyro, La puesta en marcha y El general sombra. Sus últimas publicaciones en este género son Shahida (2009); Chat Room (2009) y Batalla contra el Eclipse(2009).

Edgar London

Edgar London

(Cuba, 1975). Escritor. Ha recibido el Premio Internacional de Ensayo Agustín Espinoza, México, 2008; Premio Nacional de Cuento Criaturas de la noche, México, 2007; Premio Nacional Eliseo Diego en Narrativa, Cuba, 1998; Premio Nacional 13 de Marzo en Narrativa, Cuba, 1998 y el Premio Nacional Fronesis en Narrativa, Cuba, 1997. Actualmente es profesor en varias universidades de México y columnista del periódico «10 minutos». Ha publicado los libros de cuentos: A escondidas de la memoria (2008), (Pen) últimas palabras (2002) y El nieto del lobo (2000).

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera

(Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado, entre otros, los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983), En el nombre del hijo (1983) y Precio del amor (1990); así como las novelas Con tu vestido blanco (1987), Serás comunista, pero te quiero (1995), Un ciervo herido (2003), Inglaterra Hernández (1997) y El corazón del Rey (2010). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.

Heriberto Hernández Medina

Heriberto Hernández Medina

(Cuba, 1964) Poeta y Crítico de arte. En 1987 se gradúa de Arquitectura. Ha publicado los libros de poesía: Poemas (1991), Discurso en la Montaña de los Muertos (1994), La Patria del Espejo (1994), Los Frutos del Vacío (1997, 2006 y 2008), Verdades como templos (2008) y Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno (2009). Ha recibido el Premio «DAVID» de la UNEAC, 1989, y el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” 2006. Reside en Estados Unidos desde donde escribe el blog “La primera palabra”, uno de los sitios de poesía más interesantes y serios de internet en la actualidad.

Ihosvany Hernández González

Ihosvany Hernández González

(La Habana, 1974) Poeta y narrador. Por casi una década escribió programas dramáticos y de orientación para la radio. Sus últimos premios son: Finalista del Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva (México), por el poemario: Días despavoridos como ciervos, 2006; Finalista del Premio Jiménez Campaña (categoría del premio internacional Artífice de relato corto y poesía, Granada, España) por el poemario: Un sitio para este otoño, 2008 y Premio de Reseña Literaria, Azafrán y Cinabrio Ediciones (México), por el trabajo: “Boitel: entre la noche y la palabra” (sobre el poemario No llames en la noche, del poeta cubano Luis Manuel Pérez-Boitel), 2008. Desde el 2004 reside en Canadá.

Jesús Hernández Cuéllar

Jesús Hernández Cuéllar

Periodista y dramaturgo. Director y editor de Contacto Magazine, revista latinoamericana que se edita en Los Ángeles, California, desde 1994. Autor  de las obras teatrales «Invierno en Hollywood» (1989) y «Gente de aquí, gente de allá» (1991), y de la novela finalista del premio Letras de Oro de la Universidad de Miami, «Morir a manos del fuego» (1992).

Joaquín Badajoz - Foto: Gerardo Piña Rosales

Joaquín Badajoz

Poeta y Ensayista. Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Entre otros ha publicado los ensayos Excursión de Thor a Utgard (1996); Reinaldo Arenas a las puertas del delirio, “Locura y éxtasis en las letras y artes hispánicas”, Cuadernos de ALDEEU, Vol. XVI, No.2, Nueva York, Marzo 2000; Exilio y Nacionalidad. La nación y la emigración en la encrucijada de los estados postnacionales, “En el centenario de la República de Cuba”, Instituto de Estudios Cubano (2004); España Regurgitada (una lección de antehistoria, un artista cubanoamericano del spanglish y una aventura neosurrealista en la ciudad sitiada), “Hispanos en los Estados Unidos: tercer pilar de la hispanidad” (2004). Es editor ejecutivo de la revista Cosmopolitan en español. Reside en Miami, Estados Unidos.

Joel Franz Rosell

Joel Franz Rosell

(Cuba, 1954). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, ha trabajado como animador literario, como profesor y periodista. Entre otros títulos ha publicado: Los cuentos del mago y el mago del cuento El pájaro libro, Javi y los leones, Pájaros en la cabeza, Don Agapito el apenado y La bruja Pelandruja está malucha (todos de cuentos) y las novelas Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes; Vuela, Ertico, vuela; La tremenda bruja de La Habana Vieja, Mi tesoro te espera en Cuba, La leyenda de taita Osongo y Exploradores en el lago. Su obra ha sido distinguida con varios premios internacionales y traducida al francés, al portugués, el gallego, el vasco, el coreano y el inglés.

José Lorenzo Fuentes

(Cuba, 1928). Escritor y periodista. Se graduó como periodista en La Habana. Ha publicado: El lindero, cuento (1953); Maguaraya arriba, cuento (1963); El sol, ese enemigo, novela (1963); El vendedor de días, cuento (1967); Después de la gaviota, cuento (1968); Viento de enero, novela (1968); Mesa de tres patas, cuento (1980); La piedra de María Ramos, novela (1986); Brígida quiso soñar, novela (1987); Los ojos del papel, novela (1990); El hombre verde y otros relatos, cuento (2005) y Meditación (2001).

José Prats Sariol

José Prats Sariol

Hizo estudios de Literatura en la Universidad de la Habana con José Lezama Lima. Crítico literario, novelista, ensayista y profesor universitario, ha publicado una extensa obra entre la que se cuentan las novelas Mariel (1997, 1999), Guanago Gay (2001) y los Estudios sobre poesía cubana (1988), Criticar al crítico (1983) y Fabelo (1994). Hizo parte del grupo de críticos literarios que preparó la edición cumbre de Paradiso, la novela de José Lezama Lima para la UNESCO en 1988. Ha ofrecido conferencias en universidades y centros culturales de Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Italia, México, Noruega, Rusia, España, Suecia, Suiza, Estados Unidos y Venezuela.

León de la Hoz

(Cuba, 1957). Escritor. Ha publicado Coordenadas (poesía, La Habana, 1982); La cara en la moneda (poesía, La Habana, 1987); Los pies del invisible (poesía, La Habana, 1988); Preguntas a Dios (poesía, Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993) (poesía, antología, Madrid, 1993); Cuerpo divinamente humano (poesía, Madrid, 1999); La semana más larga (novela, Madrid, 2007). Ha ganado, entre otros, los premios David y Julián del Casal, ambos de la UNEAC. Dirigió la revista La Gaceta de Cuba, en La Habana.

 

Leonardo Padura

(La Habana, 1955). Escritor y periodista. Además de una larga obra periodística, es especialmente conocido como escritor de novela policiaca y entre lauros ha ganado en dos ocasiones el prestigioso premio Dashiell Hammet, que se otorga cada año a la mejor novela negra escrita en lengua española. Su tetralogía “Cuatro estaciones” es muy famosa: (Pasado perfecto, de 1991; Vientos de cuaresma, de 1994; Máscaras, de 1997, y Paisajes de otoño). Recientemente volvió a impactar la crítica literaria a su favor con la novela El hombre que amaba a los perros.

Michael Hernández Miranda

Michael Hernández Miranda

Poeta, narrador, periodista y editor. Actualmente reside en Estados Unidos. Durante su vida en Cuba fue editor de Ediciones Holguín, del Centro Provincial del Libro, y editor de la revista Diéresis. Colaboró asiduamente con diversas revistas y publicaciones periódicas cubanas y extranjeras, entre las cuales pueden citarse La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Cubaliteraria, SIC, La letra del escriba, Dédalo y Ámbito. Tiene publicados los libros: Viejas mentiras de otra clase (2001), Las invenciones del dolor (2002) y En óleos de James Ensor (2003), todos de poesía. Fue fundador de la revista independiente Bifronte, censurada en Cuba.

Rafael E. Saumell

(Cuba, 1951). Escritor y profesor. Graduado de las universidades de La Habana y de Washington University, Saint Louis, Missouri, EE.UU. Ex-guionista de radio y televisión, antiguo miembro de la UNEAC. Ha publicado en Unión, El Caimán Barbudo, Revista Iberoamericana, Encuentro de la cultura cubana, Revista Hispano Cubana, Research in African Literatures, The Texas Review, Hispanic Poetry Review, MELUS, Linden Lane Magazine, Revista de Estudios Hispánicos, L’Ordinaire Latino-Americain y Cuba in Transition, entre otras. Autor de varios ensayos sobre literatura recogidos en antologías sobre José Martí, Mario Vargas Llosa y Alejo Carpentier, entre otros. Miembro de Número de la Academia Cubana de Historia en el exilio.

Roberto Madrigal

Roberto Madrigal

(La Habana 1950) Autor de una novela: Zona congelada (2005); co-autor de una recopilacion de ensayos: Voces del silencio (1996); editó una revista literaria: Termino (1982-84) y ha publicado diversos artículos en varias revistas y diarios de los Estados Unidos. Aficionado obsesivo de la literatura, el cine y la pelota. Profesional solamente de la psicología, de la que dice “vivo, pero no para la que vivo”.

Rolando Jorge

Rolando Jorge

(Cuba, 1955). Poeta y ensayista. Obtiene menciones en los concursos de poesía David y Julián del Casal (1985), ambos en Cuba. Reside en Miami, donde ejerce de lector y poeta full time. Su libro de diarios Ido a hurgar se publicó en 2012 por Ediciones Silueta, en Miami.

Santiago Méndez Alpízar / Chago

Santiago Méndez Alpízar / Chago

(Cuba, 1970) Poeta. Tiene publicados: Plaza de Armas (1996), Rockason con Virgilio Piñera (1996), ¿Entonces, qué? (2008) y Bagazo: poemas iberos (Efory Atocha ediciones- 2010, Madrid). Autor del conocido blog Efory Atocha, desde donde realiza una importante y sostenida labor de promoción cultural e información sobre la cultura cubana en el exilio.

Waldo Pérez Cino

(La Habana, Cuba, 1972) Narrador y ensayista. La demora, su primer libro de relatos, se publicó en La Habana en 1997. Desde entonces reside en Madrid. Es también fotógrafo, otra manera de indagar en la ficción. Ha publicado además el poemario Cuerpo y sombra (2010) y el libro de cuentos La isla y la tribu (2011).

Sobre el tema en otras publicaciones

Diferentes publicaciones del exilio cubano se hicieron eco del «debate» a que hace referencia esta sección de nuestra revista, especialmente mediante la publicación de artículos de destacados escritores que intentaban delinear ciertos aspectos polémicos del tema «propuesto» desde La Habana por el panel integrado por Reynaldo González y Leonardo Padura,  moderado por Senel Paz.

Los artículos aquí reproducidos fueron publicados originalmente en Diario de Cuba (protagonista principal de la respuesta desde «la otra orilla»), Cubaencuentro y  algunos blogs de autores cubanos.

Respuestas desde “la otra orilla”

Se ha avanzado mucho en la eliminación de las barreras que dividen a la literatura cubana que se hace en la isla de la que se escribe en el exilio, es una de las tesis manifestadas en este panel. ¿Hasta dónde crees que sea cierta esa afirmación?

Antonio Álvarez Gil: He leído o escuchado casi todo lo que se ha escrito o dicho en torno a la última mesa redonda celebrada en La Habana sobre los escritores cubanos residentes en el exterior, y la verdad es que me ha llamado la atención el argumento de las barreras y los  puentes que debemos cruzar (¡nosotros!) para sentirnos de nuevo parte de la literatura patria, o de algo que en ese evento recibió el nombre de cepa de la nación. Y aunque es evidente que el discurso de nuestros colegas de la Isla se ha vuelto más audaz que antaño, aún me parece muy poco enjundioso. Por eso no creo que haya motivos para albergar esperanzas de cambios sustanciales en el seno de la intelectualidad local.

Es evidente que hay un conflicto; pero este no es entre colegas, compañeros de oficio -y hasta hace poco amigos- de dentro o fuera del país. El conflicto existe entre el régimen totalitario que gobierna en Cuba  y los creadores que en cierto momento de su vida se resistieron a plegarse a la censura y decidieron abandonar su tierra. Los que no lo hicieron tampoco se libran del problema; ellos también sufren con la falta de libertades y tratan de ganar espacios en el terreno de la expresión individual, en el uso de las nuevas tecnologías y en la puesta al día de su información sobre el mundo más allá de las fronteras nacionales.

Sobre las barreras: es cierto que las hay; pero no somos nosotros quien las ha construido en toda la periferia de la Isla. Aun así, más que de barreras yo hablaría de una valla de contención mental que impide que los escritores cubanos del país evolucionen al ritmo de sus colegas en el mundo exterior, ya sean estos cubanos o no. Quienes implantan restricciones de todo tipo para evitar la libre circulación de personas, libros e ideas en general son las autoridades cubanas, no los escritores que viven allí; y mucho menos los que vivimos y trabajamos dispersos por el mundo. Comprendo, sin embargo, que sería demasiado pedir a los participantes en la mesa redonda que en su próxima actividad se refirieran a ello y llamasen a las cosas por su nombre.

 

Alberto Lauro: Hay autores que se han publicado ya en la isla aunque fallecidos. Así Lydia Cabrera con «El Monte», que es un libro fundamental de la cultura cubana y la poesía de Gastón Baquero, para citar dos nombres imprescindibles… Mal que bien a la larga esto es beneficioso, a pesar de todo. Ojalá se extendiera a otros autores, pero hay intereses de un lado y de otro. Demasiado. ¿No será una fiesta la edición cubana de «Tres tristes tigres» de Cabrera Infante cuando esto suceda??? Claro que sí. Pero la literatura cubana siempre ha estado dividida… José María Heredia en México, la Avellaneda escribió toda su obra relevante en Madrid, y José Martí en Madrid y Estados Unidos. La lista sería interminable.

 

Arnoldo Tauler: Esta manifestación oculta un elemento fundamental: ¿cuáles son esas barreras? Al obviarse la causa se diluye el efecto en una expresión ambigua, que tiene, sin embargo, la malvada intención del reconocimiento a priori, o sea, la admisión como cierta de que entre la literatura libre del exilio y la esclavizada de la Isla existe una división cuyos obstáculos se han ido eliminando de manera positiva.

La literatura que se hace en Cuba tiene dos vertientes. Una, la plebeya, la sumisa, la dedicada al ditirambo de una dictadura anacrónica, al
reconocimiento de sus errores como virtudes. Es una literatura lacaya. La otra, la que comulga con la realidad, la que refleja la verdad de un
pueblo y sus habitantes, esa, la que no se publica, es otra. Es la literatura que para ver su pensamiento plasmado en letra tiene que acudir al
extranjero. Ya allí, se da la mano con la del exilio, puesto que entre ambas no existen barreras.

 

Félix Luis Viera: Primero, el régimen no le facilita a nadie una sala, micrófonos y público para una reunión. De modo que esto es «orientado». Ya veremos por qué… «Las barreras que dividen la literatura cubana» en realidad no se han movido. Según las informaciones que llegan, los libros que se han exhibido, a propósito de la Feria, de escritores cubanos en el exilio, son libros «mansos». Buenos libros de buenos escritores, pero «mansos». Así, tanto la literatura que se hace dentro como fuera de Cuba, se publicará en la Isla siempre que sean libros «mansos», y sobre todo, que subviertan la cadena, pero no al portador de esta. Ojalá me equivoque.

 

Jesús Hernández Cuéllar: Con el paso de los años, las nuevas generaciones de escritores cubanos han entendido mejor que no deben ser herramientas manipulables, al paso de los huracanes políticos. Eso ha permitido un acercamiento entre ciertos escritores de «las dos orillas» cuando se encuentran.  Pero una cosa es ese encuentro espontáneo entre escritores y otra muy diferente, el trato que podrían dar a los escritores cubanos residentes en el extranjero, los organismos oficiales cubanos, encargados de administrar, financiar y supervisar la literatura. Y, por supuesto, de censurar la literatura.

 

Joaquín Badajoz: Se ha avanzado hasta el límite de nuestra propia ignorancia y mediocridad. Las barreras que dividen los cuerpos de una misma literatura son artificiales, resultado del comadreo entre esas madrastras tutelares que son la política y la ideología. Vivimos coartados y plagiados por ellas. Y nótese que he escrito plagiado y no secuestrados: hay mucho de voluntad y de prebenda en el (auto)secuestro. He dicho en otras oportunidades que la política y la ideología cubanas son muy elásticas, se acomodan a conveniencia. ¿Pero no es acaso esta resiliencia una condición natural de la política y la ideología en todas partes? Por eso es difícil determinar cuando el hombre político hace un gesto o asume una actitud.

El avance es notable, por supuesto, considerando que muchos de los actores de las viejas políticas aún están vivos y los más jóvenes también hemos sufrido esos desplantes, o sido cómplices. La complicidad es un mal nacional universal, ya lo decía Jürgen Habermas. Y aunque no sabemos si esos aduaneros ideológicos dan su visto bueno, al parecer, al menos observan pacientes. Pudiera ser una señal, pero no lo sabremos a ciencia cierta hasta que pase un tiempo y se aprecien iniciativas concretas. Creo que lo fundamental es que se ha ganado en conciencia social de vacío, certeza de que nuestra literatura está condenada a no ser sin el aporte de esos imaginarios dispersos. Y eso, sin dudas, es un gran paso. Me aterra ver como Cuba construye (o cava) en el abismo, reescribiendo una historia de la literatura y la cultura plagada de pecaminosas y graves omisiones. Sobre los abismos solo pueden construirse puentes, no es aconsejable un salto de garrocha. Sin embargo, hasta donde alcanzo a ver, todavía se aprecia esta supuesta apertura como una suma de voluntades puntuales e individuales. Y eso para ser franco, siempre ha existido. Somos esencialmente un país de hombres buenos, así que han abundado escritores de buena voluntad hacia aquellos que no comparten su credo. Ahora, la bondad y el compromiso ético intelectual no siempre son sinónimos, aunque deberían.

Hace algunos años le escuché decir a Oswaldo Payá Sardiñas una frase que siempre se me ha quedado gravitando: «La lucha entre el exilio y la nación es como apuntar a la otra mitad de nuestro corazón». Ese pensamiento debería ser el punto de partida de cualquier reflexión. Cuba es un país estatalizado y centralizado. Aún cuando queramos ver a esas voces como representantes de un cambio de conciencia, los escritores esperan por una voluntad institucional y no por el carisma de apertura que pueda ofrecer determinado funcionario o intelectual. Sabemos que la cultura en Cuba es un asunto de estado. ¿Cómo creer que se están derrumbando muros sin que se deje entrever una posición oficial?  Y no es cuestión de majaderías, ni de terquedad mental, sino de sentido común.

 

Joel Franz Rosell: Indudablemente hay una mejoría respecto a los años 60, 70 u 80, épocas de radical amputación; pero resulta poco en comparación con lo que falta para una completa abolición de la incongruente barrera levantada entre la literatura producida en la Isla y la generada por la Emigración. En su oleaginosa respuesta a la posibilidad de invitar autores emigrados a la Feria Internacional del Libro de La Habana, el propio Reynaldo González confirma la ruptura: afirma que no nos conoce, pero se permite considerar que en el exterior hay demasiados «escritores» sin obra que los avale (yo diría que en proporción similar a los que en Cuba mal justifican su condición de autores). El problema es, entonces, no solo de ignorancia sino de prejuicios. De hecho, es difícil que un Liborio del montón (no es el caso de González) conozca aunque sea remotamente la realidad de la literatura cubana fuera de sus fronteras. Pero ¿qué sabe el emigrado lector de la literatura en la isla? A juzgar por las manifestaciones de escritores emigrados muy mediáticos, en Cuba no habría literatura.

Otro carácter tiene la reflexión de Padura acerca de la literatura escrita en inglés por cubanos residentes en Estados Unidos. La idea de que la substancia identitaria de una literatura es la lengua no es concluyente. Argentinos y uruguayos hablan y escriben el mismo castellano, y sin embargo, sus respectivas literaturas no se substituyen la una a la otra. Tampoco el ejemplo de un escritor catalán que no por ello deja de ser español es buena, puesto que España siempre fue un territorio multilingüe. Por otra parte, un escritor de Cataluña puede escribir en catalán y en castellano y en ambos casos su obra será incuestionablemente española, pero… ¿serán ambas literatura catalana? El caso de un autor emigrado es diferente: yo escribo actualmente en castellano y en  francés. En algunos casos he traducido simplemente y en otros he rescrito en francés un texto concebido en español, pero también me ha ocurrido que el texto venga primero en francés y solo después (de la publicación en Francia, incluso) haya hecho la versión en mi lengua natal. No existiendo diferencias esenciales entre las obras escritas en castellano y las escritas en francés, tampoco hay razón para separar estas últimas de mi producción, que sigue siendo, por supuesto, cubana.

Es algo mucho más sutil y profundo que la lengua o el lugar de residencia lo que determina la identidad de una obra literaria: valores, sensibilidad, compromiso con los destinos de la Nación, cierto tipo de imaginario y hasta una determinada manera de tratar la lengua literaria (que no debe reducirse al idioma, que en nuestro caso es internacional y practicado por 30 millones de personas en Estados Unidos). Recordemos que Martí, cuando vivía en Nueva York, escribió en inglés e incluso en francés sin que a nadie se le ocurra separar esos textos de su obra cubanísima… de emigrado casi permanente.

En resumen, que tampoco la «extranjeridad» de la lengua utilizada por algunos autores (forzosamente emigrados) venga a servir de machete para, una vez más, podar groseramente la literatura cubana (no hay árbol de tronco poderoso sin copa frondosa). Aunque me inclino a creer que la reflexión de Padura no pretende seccionar sino provocar un debate que, en términos de ciencia literaria, no puede sino enriquecernos.

Para llegar al meollo de la pregunta de OtroLunes, debo precisar que no dispongo de información precisa sobre los autores emigrados presentes en la edición cubana; pero como viajo al país con cierta regularidad y me asomo con frecuencia a su panorama literario, creo poder afirmar que raros son los emigrados que publican en Cuba (libros enteros, o cuentos, poemas, piezas dramatúrgicas y ensayos en revistas y antologías). La experiencia me permite opinar que la decisión de publicar a un emigrado se estudia caso a caso, valorando la posición política del autor y el contenido del libro en cuestión, y no su calidad literaria global. Estoy seguro, además, que el paso inicial suele darlo el autor expatriado y no el home club.

De la veintena de libros que he publicado en España, América Latina, Francia y otros países, solo tres han sido editados en Cuba desde que me fui en 1989. Esos tres títulos salieron en 1996, 1999 y 2011 por Ediciones Capiro, de mi casi natal ciudad de Santa Clara. En cambio, ninguno de los libros -avalados por ediciones extranjeras y buenas críticas- que he propuesto a las editoriales capitalinas Gente Nueva y Unión, y a las editoriales provinciales Oriente y Cauce han sido, hasta ahora, aceptados, y en muchos casos ni siquiera he recibido respuesta alguna. Todos mis intentos por publicar en las revistas nacionales artículos sobre literatura infantil -campo en el tengo cierto crédito internacional- se saldaron en completo fracaso. ¿Hemos de concluir que solo me otorgan su confianza mis antiguos amigos-paisanos de Villa Clara? No, puesto que algunos de mis cuentos han sido incluidos en antologías de Unión, Gente Nueva y Abril, y en el portal electrónico Papalotero, de la Biblioteca Nacional, mientras la comunicación que presenté en un Encuentro de literatura infantil de Sancti Spiritus fue uno de los trabajos incluidos en la selección  El sueño y la luz (Ediciones Luminaria, 2006). Es poco en comparación con mis bibliografías española, francesa  argentina.

No me detendré en las diversas iniciativas que he emprendido para evitar mi completa desaparición del panorama literario de mi país. Solo diré que he sido de una paciencia y perseverancia en las que pocos me reconocerían. Cada quien actúa según principios, condiciones y objetivos que a nadie es dado juzgar, y probablemente no son muchos los colegas expatriados que comparten mi postura; sin embargo, hay que ser ingenuo o hipócrita para afirmar que si pocos autores de Afuera han publicado en Cuba es simplemente por su falta de interés. El interés debería ser de ambas partes, pues si como acierta Reynaldo González, un escritor no debe renunciar a su público natural: sus compatriotas, tampoco un país debe renunciar a sus escritores naturales: los que han nacido bajo su cielo. Pero digo más: si el orgullo personal de un autor le impidiese andar insistiendo, el interés nacional dispensa de similar escrúpulo al representante de una editorial o publicación periódica cubana consciente no solo de la valía de un escritor emigrado, sino de la necesidad de reflejar la auténtica variedad de nuestras Letras. En este terreno hay que reconocerle a Enrique Pérez Díaz un par de antologías de cuentos infantiles donde se codean «tirios» y «troyanos».

Alguien dirá (ya me lo han dicho) que a mí realmente no me hace falta publicar en Cuba. Tengo el privilegio de haber publicado de manera continua y estable en varios países y lenguas, de vivir (modestamente) de mi obra, de haber recibido elogios y premios en lugares diversos, empezando por mi Francia adoptiva. En situación parecida o mejor se encuentran otros muchos escritores cubanos de la diáspora; pero la cuestión no está en la falta que pueda hacernos a nosotros el público original, sino la falta que le hacemos nosotros a los niños y adultos cubanos. Lo que me hace pasar por encima de otras consideraciones (y, con Elena Burke y Portillo de la Luz, «persistiré…») es pensar que nosotros, los autores que tenemos la oportunidad de ser leídos bajo otros cielos, no debemos dejar solos a quienes solo pueden leer los libros que se publican bajo nuestro primer cielo.

 

Michael Hernández Miranda: Nada se ha avanzado en la superación de esas barreras. La publicación de los exiliados en Cuba sigue siendo una práctica excluyente y selectiva, que, como sabemos, es rigurosamente filtrada por oficinas y agentes alejados de lo cultural y cercanos a la omnipresente policía política. Que recuerde, y por poner un ejemplo, en la Isla hay sólo un par de concursos abiertos a los extranjeros, uno es el Casa de las Américas, un certamen gestionado para potenciar el turismo de revoluciones y la legitimidad que ello implica para el aparato cultural de La Habana; y el otro es el Julio Cortázar de cuento. Fuera de ellos, todos son cerrados al espectro insular.

 

Rolando Jorge: Es cierto. Se han venido publicando obras de escritores que están en el exilio que anteriormente ya publicaban en Cuba. Siguen siendo los mismos.

 

Santiago Méndez Alpízar (Chago): Cierto. Ya hay algunos creadores en Cuba a los que permiten hablar de escritores censurados en público.

Pero me gustaría agregar algo: mira, esto de que la literatura, cultura cubana es una solamente, eso nace en el exilio. Es una idea de defensa y preservación, según lo entiendo,  ante la constante ausencia y negación del gobierno de los hermanos Castro a todo el que dejó la isla, se le opuso, opone, disiente.

Toda la literatura cubana puede ser una misma, una solamente. Pero sin embargo tiene la Literatura Cubana, una otra Literatura del Exilio, con sus singularidades y grandes exponentes, por supuesto. Un detalle de esta literatura del exilio, uno de ellos que en lo personal me hace mucha curiosidad, es que a la vez que se ha ido adaptando al nuevo medio, sobreviviendo  en ejercicios, casi, siempre de memoria, conservando sabores y olores, casi, con tendencias museísticas, por lo obligatoriamente extenso del viaje, ha generado una -otra- literatura  autóctona, casi siempre distante de la tradición o canon cubano. Pienso en autores nietos, bisnietos de cubanos que han nacido en otros países , y que no conocen más que los cuentos de casa y a los que ni remotamente les interesa nuestros asuntos. Esa literatura es un resultado de la literatura del exilio que es parte de la cultura cubana. Una especie de subproducto cubiche a la vez que autóctono mestizaje!  Bueno, ahí lo dejo,  esto para los estudiosos, yo solamente observo que la cultura cubana en el exilio también ha sido capaz de generar eso.

Entonces el tiempo puso en su sitio la evidencia, y cuando desde el discurso oficial isleño se asumió, siempre con mucha hipocresía, claro, y ahora se insiste en reconocer la redondez del globo, supongo que el exilio, o algunos del exilio, corrieron a distinguir aspectos singulares, particularidades o diferenciaciones y características únicas  entre una literatura, cultura, creada fuera de su espacio natural, y otra en la diáspora, el exilio.

En fin, ya esto no es importante, francamente no. Me refiero al debate, tendría que ser otro, y sobre todo, otros muchos, todos… No los que ya sabemos pueden hablar.

 

Waldo Pérez Cino: La verdad de esa afirmación empieza y termina en cada título concreto, en la práctica literaria de cada autor concreto, si la afirmación atañe a lo literario. Y si no atañe a lo literario, pues bueno, es tan cierto y tan irrelevante como que ni las gallinas ni los peces comen brócoli. Remitida a lo literario, a los textos, es cierta sólo en la medida en que cada vez más autores y obras pueden leerse sólo desentendiendo esa lectura del anclaje a lo meramente referencial o geográfico, sin que eso quiera decir que se lo soslaye u omita. Que no precisan de ese anclaje para ser leídos. Si se mira en términos estadísticos o panorámicos, sí, algo de eso hay. Lo cual, todo sea dicho, ni quita ni pone con relación a la literatura cubana. Hay algo de ocioso, de estéril en la afirmación misma, si no se la remite a lo que constituye esa literatura; si se queda como la constatación de que «algo» se está moviendo en las políticas de exclusión que han administrado durante décadas la circulación de los textos escritos por autores cubanos.

Noticia y video del debate

Tímido debate en la UNEAC sobre la inclusión de los escritores exiliados

 

Leonardo Padura afirma que ‘no hay ninguna razón’ para las exclusiones y atribuye el problema a ‘una ruptura política bastante fundamentalista de parte y parte’.

Escritores de la Isla protagonizaron un tímido debate sobre la inclusión en el circuito oficial de los colegas que viven y publican en el extranjero, informaron medios gubernamentales y corresponsales de DIARIO DE CUBA.

Reynaldo González (1940) y Leonardo Padura (1955) integraron el panel «Tan cerca y tan lejos. Literatura cubana de autores residentes fuera del país», presentado por el narrador Senel Paz (1950) en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Según la agencia oficial Prensa Latina, los tertulianos «sustentaron la posibilidad de tender puentes sobre la base de la identidad común».

González, Premio Nacional de Literatura (2003), afirmó la pertenencia de todos los autores cubanos, «donde quiera que estén», al ámbito literario del país, «más allá de la politización extrema».

Llamó también al diálogo y a abandonar posturas «no constructivas», como el patrioterismo y la politiquería, diferentes del patriotismo y la política verdaderos, los cuales constituyen extremos que «en una guerra sorda y sucia» laceran la «ya inobjetable» cultura nacional de la Isla.

Los panelistas coincidieron en entender la literatura nacional como «la que escriben los cubanos», más allá incluso de posiciones políticas discrepantes, y expresaron que existe una voluntad de tender puentes entre todos los exponentes de la cultura del país, añadió el periódico oficial Trabajadores.

González analizó la tradición de sucesivas diásporas, desde la época colonial hasta la actualidad, lo cual invita a «tomar con ecuanimidad, serenidad, el asunto de tener escritores, pintores, bailarines, dramaturgos dentro y fuera del país».

En alusión a la revista literaria que dirige, La Siempreviva, González aseguró que sus páginas están abiertas a todos los escritores de la diáspora, «en tanto sus textos cumplan con los raseros de la inclusión, el respeto y la calidad».

Leonardo Padura, por su parte, señaló que la literatura de una nación, «con independencia de lo que pueda decir una Constitución, está por encima de las coyunturas políticas determinadas que existan en momentos específicos».

«Nosotros hemos sido testigos, lamentablemente, de una ruptura política bastante fundamentalista (de parte y parte), con respecto a la literatura que se ha escrito en los últimos 50 años dentro y fuera de la Isla», expresó el autor de la saga de Mario Conde, según reportó Orlando Luis Pardo Lazo.

Padura insistió en que «no hay ninguna razón» para las exclusiones a la hora de hacer recuentos sobre quienes pertenecen o no a la literatura cubana.

El laureado novelista reparó en la «polarización política extrema» que se produjo a la llegada al poder de Fidel Castro, e incluyó entre sus factores los «compromisos políticos previos al triunfo revolucionario», recogió el corresponsal de DDC.

«Las revoluciones, en sus primeros momentos, tienden a ser muy radicales en cuanto a determinadas posturas. Tienen que serlo, si no, no pueden lograr sus propósitos revolucionarios precisamente», justificó Padura.

«Pero, con el tiempo, estas cosas necesitan de una cierta revisión. Y en el caso de la literatura cubana, esa revisión demoró bastante en comenzar», señaló a continuación.

Desde el público, Ambrosio Fornet apuntó que la identidad cultural de una obra «está determinada en un 94%» por el idioma en que está escrita.

«Sobre todo en poesía, donde es casi imposible una traducción que suscite el tipo de lectura que suscita el original», dijo.

Fornet repitió la idea de que escritor cubano es «todo aquel que, esté donde esté, nacido o no en Cuba, haya hecho su fe de vida, su fe de identidad cubana, y que además escriba en el idioma de los cubanos para poder dirigirse a ellos sin necesidad de intermediarios».

DIARIO DE CUBA publicará próximamente otros detalles de este encuentro.

 

Títulos de escritores residentes en el exterior expuestos en la Sala Villena de la UNEAC:

María y la virgen, de Ricardo Arrieta.
Las derrotas, Alberto Rodríguez Tosca.
Todo eco fue voz, de Manuel Sosa.
Esther en alguna parte, de Eliseo Alberto.
Órbita de Lino Novás Calvo, colectivo de autores.
Órbita de Eugenio Florit, colectivo de autores.
María Virgina está de vacaciones, de Sindo Pacheco.
Festín de los patíbulos, de Abel González Melo.
Aguas y otros cuentos, de Achy Obejas.
El mediodía y la sombra, de Alberto Serret.
Amores desalmados, Ronaldo Menéndez
Carroza para actores, de Karla Suárez.
Duro de roer, de Damaris Calderón.
Parábolas, de Cira Andrés.
Virgilio Piñera en persona, de Carlos Espinosa.
Cronología del vértigo y del naufragio, de Luis Marimón.
Tuyo es el reino, de Abilio Estévez.
Nomeolvides, de Ariel Ribeaux.

 

Video del debate

Tan cerca y tan lejos

A principios del mes pasado, dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Habana, los escritores Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz participaron en un panel titulado “Tan cerca y tan lejos. Literatura cubana de autores residentes fuera del país” en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Los escritores coincidieron en que era necesario entender la literatura nacional como la que escriben los cubanos, más allá de posiciones políticas discrepantes, e incluso, Padura dijo que la literatura de una nación, «con independencia de lo que pueda decir una Constitución, está por encima de las coyunturas políticas determinadas que existan en momentos específicos».

Llama la atención la respuesta inmediata al panel a través de artículos que aparecieron en los días siguientes, en diversos medios en el exterior, pues la realidad apunta a que sin esos artículos el tema hubiese pasado por completo desapercibido y, como en otras ocasiones, hubiera muerto al paso de los días.

Y esto responde a un motivo fundamental: el ya largo y escabroso debate de la autonomía del escritor y del intelectual en las condiciones de la Cuba actual.

Más allá de la esfera de la literatura, o más acá si se prefiere, lo que en estos momentos ha tocado a los articulistas del exilio es precisamente la posición del escritor dentro de Cuba.

Obviamente la capacidad de ninguno de los tres para decidir qué sé publica y qué no se publica en la isla no es muy grande, pero sí lo es la de asumir una postura de autonomía, que es en última instancia inseparable de la libertad.  Desde aquí el papel del escritor, del intelectual, y especialmente de aquel intelectual o escritor que es una figura pública, toma una dimensión distinta al mero productor de obras de mayor o menor calidad, entra en la dimensión del ciudadano, y quiéralo o no se topa contra una elección ineludible: la elección de una postura ética, la elección de la libertad.  Teniendo en mente esa referencia es que el debate debe continuarse, ampliarse, y siguiendo lo que los propios panelistas piden, incluirles dentro del espectro de opiniones y posturas que hacen el panorama del discurso sobre Cuba, es decir, llamarles a la consecuencia con sus propias palabras, y traerlos a la esfera pública donde su palabra encuentre el eco de la libertad.

Esto es una tarea que se hace imperiosa en la actualidad.  Los debates que ocasionalmente se producen en relación a los asuntos de Cuba, suelen quedarse limitados a series de artículos, o intercambios de mensajes sin que se traduzcan en una real asunción de las posibilidades de acción, usando palabras marxistas, en una praxis.

Padura reconoce que «todos los cubanos que escriban, dondequiera que escriban, con la tendencia política que escriban, son escritores cubanos».  Pero también reconoce que «el hecho de su difusión, de su recepción, es lo que ha complicado esta historia y la ha hecho mucho más polémica, mucho más problemática, mucho más dramática».

Queremos tomarle la palabra y abrir y sostener el espacio de debate y difusión sobre el papel del intelectual en Cuba.  Ese espacio de debate debe implementarse, como una exigencia ética, como una consecuencia con el propio hecho de ser intelectual.  Y eso es justo lo que OtroLunes propone en estos momentos: que todo lo publicado, escrito o dicho hasta ahora sobre el tema, no se quede en los archivos de aquellas publicaciones que nos hemos hecho eco del asunto y que, desde “la calidad y el respeto”, como dice González, lancemos la plataforma para abrir el debate, sostenerlo, y convertirlo en criterio de acción.

Arturo G.  Dorado
Director Editorial