Otros escritores opinan:
¿Podríamos?
Ihosvany Hernández
¿Cuáles son los autores cubanos de «afuera» que hoy se publican «adentro»? ¿Y cuáles son los que viven dentro pero que sólo se le publican fuera? ¿Significará que, a raíz del debate en la Uneac sobre literatura cubana habrá dentro tolerancia hacia todo tipo de obra creada por los de afuera, es decir, por los que desde años, décadas, radican en el exilio, y en él permanecen creando.
Han transcurrido muchos años. Muchos han muerto en su dolor y hasta en su olvido (Heberto Padilla, Gastón Baquero, Reinaldo Arenas). Pero mi opinión es en general. Aunque ahora mismo por mi cabeza corren varios nombres, tanto de escritores fallecidos o vivos, cuya obra, desgraciadamente, es desconocida por los cubanos de dentro.
Hoy me pregunto si podríamos juntarnos en nombre de la razón, la verdad, la obra, la literatura, la vida misma que nace cada día. ¿Se podría gozar de un reconocimiento sin límites ni censura ni prohibiciones ni objeciones?
Pero, ¿y el pasado?, ¿cómo se solucionan los problemas, las penitencias dadas atrás y que dejaron una innegable surco de antipatías, odios, enemistades? ¿Habrá manera, cura, forma, de sanar heridas que han permanecido abiertas durante décadas?
Pienso ahora en un padre, o una madre, que manda al hijo o a la hija a vivir en la calle, que se largue de la casa a cause de alguna insatisfacción familiar. Pero al cabo de los años se percata aquel padre o madre, que ha perdido lo más valioso de su vida: el hijo o la hija. Y le solicita que regrese de vuelta, que le tiende la cama para que duerma en paz y hasta le sirve una cena con una sonrisa de oreja a oreja como si «aquí no ha pasado nada». ¿Cómo sonreírle nuevamente al padre o a la madre que intenta enmendar el daño después de tanto tiempo de rechazo e ignorancia? ¿Se solucionará el asunto de la noche a la mañana? ¿Cuánto costará el regreso a casa? ¿Podríamos sentarnos juntos a la mesa y pedirnos disculpas unos a los otros por el daño hecho? ¿Podría ser? ¿Podría hacerse? ¿Podría olvidarse el sufrimiento, los años pasados fuera, en la calle, quiero decir, debajo de cualquier puente, cuando en la casa no se acordaban ya del expulsado? ¿Podríamos aceptar al amigo que nos hizo una mala jugada? ¿Podríamos perdonarle o olvidar su golpe bajo?
Podríamos intentar la reconciliación. ¿Sería todo posible si se quiere? Podríamos, se podría lograr un debate democrático que ayude a liar las partes, a dialogar sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra literatura, admitiendo, la pluralidad. Pero bien podría de adentro hacia fuera, como un ejercicio de actuación, como los actores montan un personaje, para que sea creíble y auténtica la puesta en escena Desde bien adentro, hacia fuera, admitiendo que no hay por qué ser idénticos, iguales, porque pensamos y existimos –y escribimos– sobre la realidad que nos ha limitado, y nos ha dividido.