rememora esa escena en la película cubana Memorias del Subdesarrollo donde el actor Sergio Corrieri está mirando a La Habana a través de un telescopio y nos dice: «Retratar a la Habana no es solo asunto de mirar y obturar. La gran urbe encierra un espíritu, cuyo misterio poético es capaz de darte desde el mismo centro del deslumbramiento hasta el mismo núcleo de la acidez y el dolor. La Habana no es solo la majestuosidad de sus grandes edificios ni los estilos arquitectónicos que reflejan sus fachadas e interiores. Es también su gente, el hombre común de pueblo en su día a día de lucha y bregar, hasta el más consumado artista o político que hace fama a través del tiempo. Son rostros varios y de diferentes colores, de diferentes acentos, de diferentes idiosincrasias y por ende, de diferentes raíces. La ciudad que mezcla dentro de un metro cuadrado a la más refinada cultura con el vulgo mayormente despreciable y esconde detrás del Capitolio, barrios insalubres y de alta peligrosidad.
«No era fotógrafo hace veinte años, pero siempre amé el arte de hacer fotografías. Fue la Habana la primera que llenó de gigas mi ordenador y cada día descubro en ella, una imagen diferente. Todo el tiempo me hace pensar en imágenes, me conmueve el descubrir lo que hicieron de ella magistralmente hombres de la antigüedad más remota y me descorazona lo que han hecho de ella despiadadamente hombres de la bestialidad más cercana».
Entre esas imágenes que Castells Carrión rescata están los rostros anónimos de la ciudad: la gente que espera y desespera, que pasa y permanece, que sufre y se divierte, que gravita como fantasmas públicos y privados por una ciudad que ha seducido a más de un fotógrafo, sin que todavía pueda decirse que es una ciudad ya atrapada por el lente de modo definitivo.
OtroLunes agradece al escritor y fotógrafo Enmanuel Castells Carrión, amigo y colaborador fiel, que nos permita mostrar en este Dossier estos, sus «Rostros de Cuba».
