“Desde tiempos inmemoriales y en todas las tradiciones -incluso en los pueblos sin escritura- la palabra poética siempre ha encontrado su margen de vida. Mediante ensueño, magia, ritos, encantamiento, ha llevado con ella y ha transmitido las pulsaciones más variadas y soterradas del ser humano. Desde tiempos inmemoriales y en todas las tradiciones, la palabra poética late, mueve y eleva el alma de hombres y mujeres que consienten vivir con ella. Pero, en nuestros días, la poesía es un género marginal, humillada cuando no es despreciada con arrogancia o de manera solapada, o cuando no es víctima de un ostracismo cínico. Arte confiscado por algunos y que sirve de rehén a muchos, su presencia irrita y su recepción se vuelve secreta, incluso, marcada de duplicidad: un amor en público contra un odio en privado. Más aún: algunos gritan a quien quiera, y sin escrúpulos, el odio hacia ella.
“(…) A pesar de su poder, ¿qué puede la poesía frente a tantas adversidades? Y en particular, ¿qué puede la poesía africana hoy? En “Voces africanas” (Verbum, 2001) escribíamos para tratar de contestar a estas angustias: “Para el África de hoy y de mañana, la poesía podría servir de defensa en favor de un nuevo humanismo liberado de cualquier veleidad fundamentalista en esta búsqueda inacabada de la travesía, entendida como camino e impulso creador para una nueva fundación africana. Más allá de su vocación de resistencia o de su tentación de subversión esencialista, la poesía recobraría en esta travesía una memoria real y soñada inmensa y contendría el destino escindido de mujeres y hombres con identidades múltiples. Para el África de hoy y de mañana, el poeta, enriquecido con su parte de sueño y de visión, invoca el eco de una esperanza para millones de almas a la espera de verdadera emancipación en una África unida, múltiple y plural. La presencia del poeta y la preeminencia de su voz, lejana y próxima a la vez, supondría haber optado una esperanza sagrada. Su palabra fecunda se convertiría en estelas para el futuro en un mundo en el que la connivencia y la conjunción de identidades variables, fragmentadas, más allá de culturas, etnias e historias, constituyen, cada vez más, una imperiosa necesidad”.
“(…) En un mundo supuestamente amplio, ¿qué puede la poesía africana hoy? Lo que ha hecho la poesía en toda la historia de la humanidad y de las culturas, es decir, “sugerir la fuerza, mirar hacia mañana” como diría, una vez más, Aimé Césaire: desde una memoria real y soñada, fundar una fecunda conjunción inédita e inventiva que lleve lo Uno hacia lo Diverso. La voz fundadora del Léopold Sédar Senghor decía con razón acerca de ese lazo tenso entre poesía y esperanza: “la poesía no puede morir. ¿Si no quién cantaría la esperanza?”. Desde la esperanza, la poesía africana muestra que a pesar de la arrogancia política, la miopía intelectual de los dirigentes políticos, el fundamentalismo étnico, la falta de ilustración de los dictadores, la inexistencia de un estado inquieto, la perversión patológica del poder hacia cualquier forma de escritura, la poesía, o mejor, la palabra poética es un acto de mediación simbólica y humana. Es el último reducto de creatividad, de resistencia en una sociedad diversa pero inmersa en la violencia política y la intolerancia étnica”.
Con estas palabras del Dr. Landry Wilfrid Miampika abrimos esta primera parte de un recorrido por la poesía contemporánea africana, agradeciendo en esta primera ocasión la idea y aportes de la poeta Lauren Mendinueta y de la Revista Latinoamericana Prometeo.