A principios del mes pasado, dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Habana, los escritores Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz participaron en un panel titulado “Tan cerca y tan lejos. Literatura cubana de autores residentes fuera del país” en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Los escritores coincidieron en que era necesario entender la literatura nacional como la que escriben los cubanos, más allá de posiciones políticas discrepantes, e incluso, Padura dijo que la literatura de una nación, «con independencia de lo que pueda decir una Constitución, está por encima de las coyunturas políticas determinadas que existan en momentos específicos».
Llama la atención la respuesta inmediata al panel a través de artículos que aparecieron en los días siguientes, en diversos medios en el exterior, pues la realidad apunta a que sin esos artículos el tema hubiese pasado por completo desapercibido y, como en otras ocasiones, hubiera muerto al paso de los días.
Y esto responde a un motivo fundamental: el ya largo y escabroso debate de la autonomía del escritor y del intelectual en las condiciones de la Cuba actual.
Más allá de la esfera de la literatura, o más acá si se prefiere, lo que en estos momentos ha tocado a los articulistas del exilio es precisamente la posición del escritor dentro de Cuba.
Obviamente la capacidad de ninguno de los tres para decidir qué sé publica y qué no se publica en la isla no es muy grande, pero sí lo es la de asumir una postura de autonomía, que es en última instancia inseparable de la libertad. Desde aquí el papel del escritor, del intelectual, y especialmente de aquel intelectual o escritor que es una figura pública, toma una dimensión distinta al mero productor de obras de mayor o menor calidad, entra en la dimensión del ciudadano, y quiéralo o no se topa contra una elección ineludible: la elección de una postura ética, la elección de la libertad. Teniendo en mente esa referencia es que el debate debe continuarse, ampliarse, y siguiendo lo que los propios panelistas piden, incluirles dentro del espectro de opiniones y posturas que hacen el panorama del discurso sobre Cuba, es decir, llamarles a la consecuencia con sus propias palabras, y traerlos a la esfera pública donde su palabra encuentre el eco de la libertad.
Esto es una tarea que se hace imperiosa en la actualidad. Los debates que ocasionalmente se producen en relación a los asuntos de Cuba, suelen quedarse limitados a series de artículos, o intercambios de mensajes sin que se traduzcan en una real asunción de las posibilidades de acción, usando palabras marxistas, en una praxis.
Padura reconoce que «todos los cubanos que escriban, dondequiera que escriban, con la tendencia política que escriban, son escritores cubanos». Pero también reconoce que «el hecho de su difusión, de su recepción, es lo que ha complicado esta historia y la ha hecho mucho más polémica, mucho más problemática, mucho más dramática».
Queremos tomarle la palabra y abrir y sostener el espacio de debate y difusión sobre el papel del intelectual en Cuba. Ese espacio de debate debe implementarse, como una exigencia ética, como una consecuencia con el propio hecho de ser intelectual. Y eso es justo lo que OtroLunes propone en estos momentos: que todo lo publicado, escrito o dicho hasta ahora sobre el tema, no se quede en los archivos de aquellas publicaciones que nos hemos hecho eco del asunto y que, desde “la calidad y el respeto”, como dice González, lancemos la plataforma para abrir el debate, sostenerlo, y convertirlo en criterio de acción.
Arturo G. Dorado
Director Editorial
