Mire pues su señoría, no es eso lo que pienso, pero ha quedado registrado como si lo fuera, todo por no hablar, el que calla otorga y yo estuve todo el tiempo asintiendo con la cabeza, o eso se supone, solo recuerdo haberla escuchado, aunque eso de escuchar tampoco es muy exacto, la evocación es de haber estado oyendo el ruido de su voz y viendo el movimiento de sus labios, solo hablaba ella.
La verdad oficial terminó configurándose con el probable sí que yo expresaba con mi cabeza, el pequeño bamboleo arriba abajo de asentimiento que en realidad era de cortesía, de amable que soy, para no permitirle percatarse de la nula importancia que estaban teniendo sus palabras, pero de ahí el problema.
Ahora me entero que estábamos hablando de la guerra y de los muertos de la guerra y de los ilegales y de las nuevas putas importadas made in Latín América, y me pregunto, ¿será que eso se traduce como garantía de calidad?, y de por qué no decir negro y si African American, la ambigüedad del absurdo, y del placer que me produce bailar salsa, y del baile y el sexo, vaya tracalada de temas, pero es ahora que vengo a percatarme de lo que dizque estaba yo diciendo, cuando lo que quería era ser atento con ella, sí, porque al llegar cada mañana era la única que se dignaba en contestarme el saludo de los buenos días, good morning por supuesto, no buenos días, pero un saludo adornado con sonrisa, y recuerde que una imagen vale más que mil palabras, y para qué más palabras con esa risita de mujer madura joven, de mujer segura y además, por qué no decirlo, suficientemente bella como para no pasar desapercibida. El cuento está en que hablábamos en los pocos momentos de descanso, y sí fue cierto que le confesé mi debilidad por las pastas y la sazón italianas, eso sí, no Italian – American, que quede claro, eso es otra cosa hecha para ustedes con agregados de chiles y jalapeños, qué importa, de todos modos no iba a ponerme a invitarla a algún restaurante y enseñarle de qué estaba hablando, e igual le conté lo hermoso que es tener tiempo alguna vez el sábado para ir a bailar salsa, al menos una semana sí y la otra no, también las dos si se pudiera, eso sí, bailando la salsa a la caleña que es baile de verdad, no esas maricaditas de dar vuelticas pendejas como bailando cualquier cosa y deslizar los pies con una supuesta elegancia que más parecen pasos de cansancio que un baile, y hacen de la salsa un baile estéril, siendo que la salsa es viva y sensual y es para azotar baldosa, como decimos nosotros, y a girar con acento y sin frenos pero rítmico, y a sudar y sentir cómo la sangre se te llena de música y te baja a las piernas y te irriga los brazos para poder llevarle a tu pareja esa corriente que nos sube por todo el espinazo calentándonos hasta el aliento y la mirada, dejándonos resecos los labios, entonces las piernas ya no son suyas y el roce de las pieles es un clímax de por sí, un clímax notado y envidiado por todos pero que nadie más puede sentir, y siguen así hasta que salen del antro, buscando cama porque ella tampoco aguanta más, y el sueño de después es delicioso, es el sueño del placer total cumplido, eso sí lo digo yo, pero a ella nunca se lo dije, solo le conté de mi gusto pero no mis pensamientos, y si lo fue no lo recuerdo, y luego, ¿hablar de la guerra?, ¿guerra yo?, a mí si me dicen guerra claro que tengo mis respuestas y mis conductas también, porque si son conductas pues a la voz de ir a la guerra, salgo corriendo, hoy en día ya no hay por qué ni por quién morir, el siglo veinte nos dejó la herencia de entender que la paz es un derecho aunque sigan existiendo guerreristas, y porque yo aspiro a la vida y no a la muerte, así de sencillo, aspiro a la vida y no a la estupidez de dar la vida por el rincón del planeta donde me tocó nacer, o acaso ¿alguien le pidió la opinión al óvulo y al espermatozoide que te formaron, y a los de tus padres y abuelos y demás?, ¿lo recuerdas?, pero en fin, yo nunca estaría dispuesto a morir por nada, a cambio sí quiero vivir, vivir por amor y no morir por él me suena, y si fuera por la patria pues estar vivo es también lo que me suena, y vivo puedo hasta hacerla feliz a Usted, si me dejara, digo, bueno, eso no sé si se lo dije, pero por lo que ahora sabemos, probablemente no. En lo que sí insisto es en la vida, y aunque me torturaran sus expertos de cuartel, y aquí no me refiero a los de ella sino a los suyos señor juez, no van a hacerme cambiar de idea, estoy seguro de hacer más estando vivo que muriendo por la patria, como podrá ver no tengo vocación de héroe, ni siquiera sería el último en salir corriendo ni el que no alcanzó a correr, no creo que las patrias estén por encima de los hombres, por eso tampoco me haría gracia si alguien me dijera que en aras de esa patria estaría dispuesto a dar su vida por mí, eso de verdad no me suena creíble, no puede ser sincero, ni me gustaría ver muertos por la patria o por mí a sus hijos, en este caso sí, los de ella o los suyos señor, así que si me dicen guerra para saber qué opino de alguna en especial vaya que si tengo cosas que decir, pero con ella no lo hice, nada de lo que estoy diciendo ahora, porque la única guerra que he estado librando por estos vecindarios es la lucha por el día a día, y de tratar de no matarme en la autopista cada mañana camino del trabajo, y eso sí recuerdo haberle dicho alguna vez, que sus paisanos conducen como si no quisieran llegar tarde a la boda de sus madres, eso como que no le gustó de a mucho pero a mí no me importa.
Ahora bien, nunca estuve consciente de los cambios que debieron ocurrir, o no les di la importancia debida, aunque fueron cada vez menos frecuentes los good morning mañaneros y las charlas de corrillo y su interés de hablar conmigo, además nunca le dije que me interesara ella misma, como mujer quiero decir, porque además no lo sentí nunca y menos que pudiera existir una intención de conquista hacia alguna de las mujeres de la empresa, no sé de dónde habrá sacado que en las habladas sobre baile y comida y demás cosas me le habría estado insinuando y que la insinuación ofende, recuerdo si, que cuando ella misma completaba mis frases y coloquios, yo asentía con la cabeza, porque es difícil conversar con ella, a cada momento te interrumpe, y porque las suyas eran cosas que nunca se acercaban a las mías, las ideas quiero decir, pero yo de amable le asentía con mi pequeño bamboleo de la cabeza, para no perder el hilo de mis propios pensamientos, tratando de no oírla, mirando el movimiento de sus labios, esperando el momento de silencio para rematar mi idea, que ahora veo, nada tienen que ver con lo que ella ha contado, con lo que son realmente, pero que según dan a entender, ella sí conoce, o es eso lo que dice la carta donde están despidiéndome de mi trabajo, y enviándome ante Usted señor juez, alegando que alguien que piense como yo es un peligro social, y debemos proteger la sociedad, pero especialmente a ella que pudo descubrir mi pensamiento.