El justo derecho a la trascendencia de Justo Vasco

Por Luis Rafael

Justo Vasco

Justo Vasco (La Habana, 1943 - Gijón, España, 2006). Narrador, traductor y periodista.

Cubano reconocible desde la Luna, Justo E. Vasco (La Habana, 1943- Gijón, 2006), era de esos escritores que preferían el anonimato para crear y para vivir. Sin embargo, desde que se radicó en Gijón, ciudad donde me recibió sonriente una mañana lluviosa de mayo, se convirtió en el embajador de la literatura cubana en Asturias y en una figura clave para la promoción del neopolicial hispanoamericano en Europa.

Aunque publicó sus primeros poemas en 1959, Vasco cursó un Máster en Ciencias por la Universidad Patricio Lumumba (1965) y ocupó varios puestos alejados del arte, hasta que comenzó a realizar traducciones de literatos rusos y soviéticos (más tarde también de norteamericanos, italianos y eslovenos). En 1980 se incorporó como editor a la habanera Editorial Arte y Literatura y comenzó a escribir guiones para la televisión. Se interesa entonces por el trabajo de la policía y escribe textos enmarcados en el “realismo negro”, que rebasa el antiguo policiaco maniqueo y envejecido. Maestro del cuento corto, con “Y en eso llegó el Bebo” ganó el Premio del Concurso de Relatos de la Semana Negra de 1994, que le llevó a la ciudad adoptiva y que junto a otros cuentos suyos (vg. «El día difícil de Juanita Chirino») configuran el nuevo rostro del neopolicial hispanoamericano, indagando más allá de la trama detectivesca, interesándose por describir sociedades decadentes y conflictivas.

Todavía en Cuba, por el conjunto de sus traducciones Justo fue galardonado con el premio internacional Máximo Gorki, de la Unión de Escritores de la URSS (1986) y con el Premio Nacional de Traducción de la UNEAC (1987). Sus novelas Completo Camagüey y Primero muerto —escritas en colaboración con el escritor uruguayo Daniel Chavarría y llevadas a la radio en 1986 y 1988— fueron premiadas en Cuba, en 1982 y 1983; y El muro, en 1986. En España publicó varios relatos y un sinnúmero de traducciones, además de las novelas Contracandela (Thassàlia, 1994), Mirando espero (CIMS, 1998) y, póstumamente, El guardián de las esencias (Ediciones Témpora, 2007).

A favor de Justo Vasco hablan sus libros, pero también sus actos. Hombre ya entrado en años, decidió reeditar la paternidad adoptando con su esposa, la escritora de ciencia ficción Cristina Macía, a Laurita, una niña haitiana que revolucionó sus vidas y a quien cariñosamente el padre llamaba “Terminator”. Desde su orilla del Cantábrico, Justo evocaba La Habana, en sus libros que continuaron hablando de la ciudad natal y en sus correos electrónicos, que invitaban a los amigos distantes a la Semana Negra, en cuya organización participaba con Paco Ignacio Taibo II. Amir Valle, quien fuera uno de sus mejores amigos, relató cómo gracias a Justo su obra pudo ser leída con buenos ojos por editores de España y Alemania y cómo aquel escritor únicojamás nos vio a los más jóvenes como una competencia para su obra, también negra, y se convirtió en nuestro patrocinador, invitándonos año tras año a la Semana Negra, sugiriendo nuestras obras a otros editores por él conocidos, consiguiéndonos espacios para que se promocionaran nuestras novelas, recomendando a estudiantes que se ocuparan de esas obras en sus tesis universitarias, entre muchas otras cosas”. Cubano irreverente y hablador, escritor realista a la vanguardia del neopolicial y hombre justo en cada uno de sus actos, Justo Vasco dejó una estela de amigos y lectores; y una obra, vital y literaria, que le gana el justo derecho a la trascendencia.