Categoría: Cuarto de visita

Selección de poetas

Amina Saïd

Nació en Túnez en 1953, su padre era tunecino y su madre francesa. Estudió literaturas anglófonas en la Sorbona. En 1988 le fue concedido en Marsella el premio Jean Malrieu y en 1994 el Charles-Vildrac que otorga en Paris la Societé des Gens de Lettres. Actualmente trabaja como periodista en París.


Caminando por la tierra

(fragmentos)

 
donde fuere

imperaba la noche del sueño
en su forma primera

del desarraigado cielo
nacieron el sol y la luna
la sombra la luz
y la savia

y este deseo de crear
entre fuego y lágrimas

desarraigado el cielo
tú y yo pudimos
caminar por la tierra
 

nuevamente

henos aquí rodeados por el fuego

el desarraigado astro
nos muestra su lado clarividente

como fuego
nutrido por otro fuego

nuevamente algo
late en nosotros con deseos de vida

algo muere en nosotros
y se tiende en el fondo de una tumba

nuevamente el alba
nos corta la palabra
con su verdad

el mundo alrededor nuestro
agota su definición
 

por la noche el ausente

y el separado se unen
(dice el proverbio
de los hombres libres)

del árbol favorecido
por el milagro del día
se esperan los mejores frutos
nutridos por esa luz

tienen ellos la voz intacta
y el rostro sin fin
de los vivos
 

sobrecargado de piedras

un cuerpo en el fondo del agua

los senos jóvenes aún
y tan largas las manos

dos voces cohabitan en ella

por qué me miran
siempre a los ojos
preguntaba una de ellas
a nadie en particular

interrogándole a su locura
la otra voz decía
hay dos voces dentro de mí
¿cuál de ellas desollará la piel del mundo?

caminando lejos
de la opresión del légamo
regresa la muerte

trae en la boca
el sello del silencio
 

a semejanza de los siglos

vela mi diosa negra

una sombra alrededor de ella
arroja paletadas de fuego
sobre el residuo polvoriento de las miradas

nos saludamos
con un doble silencio
antes de caer
bajo los golpes del destino

tal vez mañana nos devuelvan
a nuestra enigmática ribera

yo seré esta piedra de luz
el rostro perforado
por signos infinitos
 
en el gran fuego de la tierra

se endurece esta arcilla perecedera
trabajada por nuestras manos

en pos de qué conquistas irrisorias
hemos entrado
en el sexo volcánico del mundo
su breve y violenta apertura
su milagro convulsionado donde tiembla
el oscuro labio de una rosa

desenmascarar el silencio
que se construye con un soplo
nos roza antes de cerrarse
invisible y secreto

esa esperanza nos anima

los pájaros nos miran
callan cuando pasamos

porque una palabra tras otra
avanzamos ignorando la meta
por conocerla ya demasiado

una palabra tras otra
su encadenamiento inquieto
sobre un hilo incierto

yo soy el lugar en el que caí
yo soy el lugar del que provengo
aquel hacia el que voy.

La poesía en África

El proverbio es el caballo de la Palabra; cuando la Palabra se
pierde es con la ayuda del proverbio como se la vuelve a encontrar

(Proverbio Yoruba)

 

Vastos panoramas naturales, fértil creación y tonos sorprendentes se nos presentan cuando nos introducimos en el mundo de la poesía africana, prácticamente desconocida en nuestro país, que, por lo demás, se precia de ser un país de poetas. Nunca el interés de nuestros vates y lectores contemporáneos, salvo excepciones contadísimas, apunta, ni ha apuntado, hacia nuestros hermanos del conocido, pero a la vez desconocido, continente africano. Diríamos que la definición que Waldemar Sommer realiza del arte africano en un artículo refiriéndose a una exposición de “Arte Negro” realizada en nuestro país hace unos meses, resulta también muy valedera para la literatura oral y escrita de los pueblos nativos de este continente. Cito: “De manera muy general, cabe decir que estamos ante una creación artística, cuando ella se halla realizada por africanos y para usos africanos”. Esto porque una de las características de aquel arte es “que cada pieza artística cumple la función insustituible de instrumento ritual”. En el caso de la poesía, pienso que mantiene estas características. Podemos encontrar, principalmente, profundas evocaciones a los antepasados, a sus dioses, a los reyes, a la vida cotidiana, a los animales de la región, a los utensilios de uso diario, etc., siempre con un enfoque místico y con alguna enseñanza profunda relacionada con sus vidas.

Para que podamos tener una panorámica que nos permita, en estas breves líneas, conocer algo de la poesía africana, me parece apropiado iniciar nuestro recorrido a partir de la poesía de carácter anónimo1 y que ha sido recopilada por algunos estudiosos del tema. Ya durante el reinado del faraón Ramsés II (1300-1224 a.c.) circulaban cantos de gran belleza en el territorio norafricano, como el popular poema “La batalla de Kadesch” que resaltaba el heroico comportamiento del faraón durante el combate: “Cuánto me parecía Yo al dios de la guerra/ En poder y fortaleza,/ Y que mi padre Amón estaba conmigo” (…) “Y vieron que las naciones sobre las que yo me había/ abalanzado/ Yacían desgarradas y bañándose en su propia sangre/ Ellos eran los mejores soldados de los hititas,/ Eran los hijos y hermanos de su rey.”. Otro episodio de guerra que ha llegado hasta nosotros a través del poema es “La epopeya de Segú”, texto de alrededor de 10.000 versos y comparable a obras de la magnitud de Ilíada o Ramayana. De ella destaca una parte titulada “Monzón y el rey de Koré”, que narra las aventuras de Monzón rey de Segú en el imperio bámbara en Sudán.

Destacado papel juega en la poesía anónima africana los proverbios, que se han ido transmitiendo de generación en generación y expresan gran sabiduría. Aquí damos a conocer algunos de ellos: “Dios fue clarividente y no le dio cuernos al asno”, de los kabila de Argelia. “El mono se puso piel de jabalí, pero murió mono” y “Más le valen tres patas a un tigre en la selva que cuatro en una trampa”, de los pigmeos de Guinea. “Es al toro a quien le sienta la barba, pero es al chivo al que Dios se la dio” de los serere de Senegal. “Un amigo íntimo puede convertirse en un enemigo íntimo” de los ambáricos de Etiopía. “No le des vuelta en el aire a una serpiente que hayas matado: las que están en sus agujeros te observan” de los tsonga de África del Sur.

Entre los pueblos africanos de mayor presencia poética se encuentran el Yoruba y el Fulbé, que además han tenido gran influencia en la cultura del caribe, principalmente en Cuba. Los Yoruba habitan regiones al suroeste de Nigeria, Dahomey (Benin), Togo y Ghana. Por su parte los Fulbá se encuentran diseminados en la llanura sudanesa y sajeliana desde el Atlántico hasta Chad, que abarca regiones de Mauritania, Senegal, Sierra Leona, Liberia, Alto Volta (Burkina Faso), Camerún, etc.

La poesía de estos pueblos, durante su historia, ha desarrollado una variada temática que incluye poemas funerarios, para niños, de amor, oráculos y otros de hondo contenido social. De la poesía de los cazadores nos encontramos con estos versos de “Erin el elefante”: “Elefante que traes la muerte,/ elefante, un espíritu en el monte./ Con su única mano puede derribar/ dos palmas al suelo./ Si tuviera dos,/ rompería los cielos como un trapo viejo”.

De la poesía del oráculo Yoruba nos parece interesante rescatar un poema que muestra la visión de este pueblo con respecto al dios musulmán de una manera bastante peculiar: “Los musulmanes siguen mintiendo./ Ellos dicen:/ hacemos vigilia por Dios cada año./ Un día Éshú fue hasta ellos y dijo:/ ¿Por qué hacen vigilia por Dios?/ ¿Creen que Dios está muerto?/ ¿Creen que está enfermo?/ ¿O quizás triste?/ Odumare nunca se enferma/ Y nunca puede estar triste./ Y nunca oiremos de su muerte,/ A menos que los mentirosos mientan”.

De la cultura fulbé entregamos un fragmento de un interesante poema titulado “Cómo el mundo fue creado de una gota de leche”: “En el principio había una enorme gota de leche./ Luego Doondari vino y creó la piedra,/ Luego la piedra creó el hierro/ Y el hierro creó el fuego,/ Y el fuego creó el agua,/ Y el agua creó el aire./ Luego Doondari descendió por segunda vez./ Tomó los cinco elementos/ Y los modeló en hombre./ Pero el hombre era orgulloso./ Entonces Doondari creó la ceguera, y la ceguera/ venció al hombre”.

En el caso de la poesía en lengua africana –escrita- también es ésta de una gran riqueza. Vale decir, además, que muchos poetas africanos han escrito y lo siguen haciendo en otras lenguas como el inglés, portugués y francés, heredadas de los conquistadores que oprimieron y esclavizaron a sus pueblos, mas para esta breve síntesis sólo hemos considerado textos que han sido traducidos de la escritura en las lenguas originales de los autores.

De la gran cantidad de poetas africanos rescataremos en esta ocasión algunas voces que nos darán una idea general, pero importante de la poética de este continente2. Por ejemplo, tenemos a Semidogoro, poeta tutsi de fines del siglo XVIII, que define en su poema “El rey no es un hombre”, prácticamente la ratificación teórica del derecho divino de la monarquía ruandesa: “¡Ese deja de ser un hombre que se convierte en rey!/ ¡El rey es él, Dios,/ Y domina sobre los humanos!/ ¡Eh sí!, ¡no es un hombre, es un rey!”. Otra voz importante creemos que corresponde a la del poeta de la etnia betsileo de Madagascar, Ramananato, que también vivió a finales del siglo XVIII y cuyo legado se reduce a doce poemas, o fragmentos, conservados en la tradición oral del pueblo malgache. Dicen algunos de sus versos: “¡Desatadme, pues estas ligaduras, ¡eh, vosotros!/ Porque no soy un buey para ser degollado/ con los miembros amarrados,/ Ni soy esclavo para perecer atado./ Y pasadme por última vez mi Ivolananahary”3.

De gran importancia nos parece dar a conocer a dos poetas de África del Sur: Enoch Sontonga, músico y poeta tembo, y Uhhadi Waseluhlangeni, poeta de lengua xhosa. El primero es autor del poema “Dios bendiga el Africa”, convertido en el cántico de resistencia del Partido del Congreso Nacional Africano durante su larga lucha contar el Apartheid, que dice en una de sus partes: “Dios bendiga el África, / Que de ella se entonen las alabanzas” (…) “Ven, Espíritu; Ven, Espíritu Santo; Y bendícenos, / A nosotros tus hijos.”. El segundo es autor de un conocido texto de protesta contra el colonialismo británico publicado en 1883 y representa, de una u otra manera, la heroica lucha que hasta el día de hoy dan los pueblos africanos por obtener su plena independencia: “¡De pie, vosotros, hijos de la Montaña-de-la-Noche!4/ La hiena aúlla, la blanca hiena,/ hambrienta de los huesos de Moshoeshoe, de Moshoeshoe, que duerme allá arriba en la montaña” (…) “Tiene roja la boca de la sangre de Sandile.5/ ¡Despertad, conejos de las rocas de la/ Montaña-de-la-Noche!/ Proyecta la lengua a los mismos cielos,/ Esa serpiente conejera con pechos de mujer”6.

Otros poetas que bien vale la pena destacar son: Roberto Gaddiel Acquaah (1883-1954), poeta de Ghana que escribió en lengua fanti y también inglesa, pero que realizó un gran trabajo de recolección, traducción y difusión de su lengua materna. Importante es también Rajmatulaji, una poetisa de lengua pular de Teliko en Guinea, que escribió poemas de alta inspiración mística y religiosa.

Más cerca de nuestra época nos encontramos con Mussa Ká, poeta musulmán nacido en Ndili y muerto en 1964, que escogió, para crear sus obras, la lengua wolof. Es considerado el poeta nacional de Senegal. Otros poetas destacados son Adebayo Faleti de Nigeria, el camerunés Elolongué Epanya-Dondo autor del poema “¡Camerún, Camerún, levántate!”. Países como Tanzania, Zimbabwe, Angola, etc, poseen junto a los ya citados grandes poetas que sería largo de enumerar y reseñar, baste por ahora esta muy breve visión de una parte de la poesía africana, la que merece largamente ser reconocida a nivel mundial. Es de esperar que en la medida que nos demos cuenta que aquel territorio de desiertos, sabanas, selvas, caudalosos ríos y enorme variedad de fauna y flora no es solamente el lugar de donde eran traídos los esclavos a nuestra América, estaremos listos para explorar un mundo que desde sus raíces está muy ligado al nuestro. Para terminar, quisiera hacerlo con los versos del poeta y guerrillero angoleño de lengua fiote, Tchiaku, que me parece representan parte importante del espíritu del continente africano: “Cuando empiezo a lloviznar/ Los seres vivos huyen/ Los tigres se esconden/ Las cobras huyen/ Las nubes se entrechocan/ El cielo se estremece/ Las casas podridas se derrumban./ Hago crecer las plantas/ El fríjol/ Las fruta bombas y piñas/ Los plátanos y naranjas./ Allí donde no existe río/ ¿Quién hace que el agua caiga?/ ¿Quién riega los corazones mustios?/ Soy yo…”.

Primeras palabras

“Desde tiempos inmemoriales y en todas las tradiciones -incluso en los pueblos sin escritura- la palabra poética siempre ha encontrado su margen de vida. Mediante ensueño, magia, ritos, encantamiento, ha llevado con ella y ha transmitido las pulsaciones más variadas y soterradas del ser humano. Desde tiempos inmemoriales y en todas las tradiciones, la palabra poética late, mueve y eleva el alma de hombres y mujeres que consienten vivir con ella. Pero, en nuestros días, la poesía es un género marginal, humillada cuando no es despreciada con arrogancia o de manera solapada, o cuando no es víctima de un ostracismo cínico. Arte confiscado por algunos y que sirve de rehén a muchos, su presencia irrita y su recepción se vuelve secreta, incluso, marcada de duplicidad: un amor en público contra un odio en privado. Más aún: algunos gritan a quien quiera, y sin escrúpulos, el odio hacia ella.

“(…) A pesar de su poder, ¿qué puede la poesía frente a tantas adversidades? Y en particular, ¿qué puede la poesía africana hoy? En “Voces africanas” (Verbum, 2001) escribíamos para tratar de contestar a estas angustias: “Para el África de hoy y de mañana, la poesía podría servir de defensa en favor de un nuevo humanismo liberado de cualquier veleidad fundamentalista en esta búsqueda inacabada de la travesía, entendida como camino e impulso creador para una nueva fundación africana. Más allá de su vocación de resistencia o de su tentación de subversión esencialista, la poesía recobraría en esta travesía una memoria real y soñada inmensa y contendría el destino escindido de mujeres y hombres con identidades múltiples. Para el África de hoy y de mañana, el poeta, enriquecido con su parte de sueño y de visión, invoca el eco de una esperanza para millones de almas a la espera de verdadera emancipación en una África unida, múltiple y plural. La presencia del poeta y la preeminencia de su voz, lejana y próxima a la vez, supondría haber optado una esperanza sagrada. Su palabra fecunda se convertiría en estelas para el futuro en un mundo en el que la connivencia y la conjunción de identidades variables, fragmentadas, más allá de culturas, etnias e historias, constituyen, cada vez más, una imperiosa necesidad”.

“(…) En un mundo supuestamente amplio, ¿qué puede la poesía africana hoy? Lo que ha hecho la poesía en toda la historia de la humanidad y de las culturas, es decir, “sugerir la fuerza, mirar hacia mañana” como diría, una vez más, Aimé Césaire: desde una memoria real y soñada, fundar una fecunda conjunción inédita e inventiva que lleve lo Uno hacia lo Diverso. La voz fundadora del Léopold Sédar Senghor decía con razón acerca de ese lazo tenso entre poesía y esperanza: “la poesía no puede morir. ¿Si no quién cantaría la esperanza?”. Desde la esperanza, la poesía africana muestra que a pesar de la arrogancia política, la miopía intelectual de los dirigentes políticos, el fundamentalismo étnico, la falta de ilustración de los dictadores, la inexistencia de un estado inquieto, la perversión patológica del poder hacia cualquier forma de escritura, la poesía, o mejor, la palabra poética es un acto de mediación simbólica y humana. Es el último reducto de creatividad, de resistencia en una sociedad diversa pero inmersa en la violencia política y la intolerancia étnica”.

Con estas palabras del Dr. Landry Wilfrid Miampika abrimos esta primera parte de un recorrido por la poesía contemporánea africana, agradeciendo en esta primera ocasión la idea y aportes de la poeta Lauren Mendinueta y de la Revista Latinoamericana Prometeo.