Respuestas desde “la otra orilla”

Escritores cubanos en el exilio

Otros escritores opinan:

¿La isla entera en el 2012?

 José Prats Sariol

 

Hace nada menos que diecisiete largos años, entre el 21 y el 25 de noviembre de 1994, se celebraron en Madrid las Jornadas de Poesía Cubana: La Isla Entera. Los asistentes fuimos alojados en la Residencia de Estudiantes y un hotel cercano. Las jugosas sesiones se efctuaron en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid (mañanas) y en la Casa de América (tarde y noche). Participamos veinticuatro escritores cubanos (doce de dentro y doce de fuera). De los que entonces vivíamos en la isla, estuvimos: Guillermo Rodríguez Rivera, Rafael Alcides, José Prats Sariol, Cleva Solís, Jorge Luis Arcos, Efraín Rodríguez Rivera, Pablo Armando Fernández, César López, Delfín Prats, Reina María Rodríguez, Enrique Saínz y Bladimir Zamora. Del exilio: Manuel Díaz Martínez, Felipe Lázaro, Alberto Lauro, Mario Parajón, Gastón Baquero, Orlando Rossardi, Heberto Padilla, Pío E. Serrano, José Kozer, José Triana, Nivaria Tejera y León de la Hoz. El fraternal evento fue organizado por la  Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamerica (Ministerio de Asuntos Exteriores español).

El 19 de noviembre aún no sabíamos si el gobierno nos daría el permiso de salida. Varias presiones «bajadas » del «cielo ideológico» revoloteaban en el ambiente. Algunos de los que íbamos tenían más informaciones que otros. Sin previo aviso, la mañana del 19 de noviembre se me aparecieron en casa el presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC (Francisco López Sacha) y la miembro del Ejecutivo (Marilyn Bobes). Recibieron el encargo de Abel Prieto y de Carlos Martí de visitarnos, convencernos de renunciar al viaje, al encuentro. Por supuesto, me negué a aceptar aquel acto de sectarismo, aquella ofensa a la cultura cubana. Decenas de llamadas telefónicas se cruzaban entre Madrid y La Habana. Presiones desde Madrid y algunas voces infuyentes dentro de la nomenklatura, consiguieron que por fin nos dejaran ir. Aún la mañana del vuelo estuvimos visando los recién otorgados pasaportes en el Consulado español…

Antes de la Isla Entera se había celebrado un pequeño encuentro en la Universidad de Bergen (aún hoy poco divulgado), al que asistí, y el de Estocolmo, con escritores de las llamadas «dos orillas».

De nuevo: ¿Es verosímil la «buena fe» de que en el 2012, precisamente antes de la visita del Papa, se autorice que tres escritores hablen en la UNEAC de los exiliados, de la necesidad de observar la cultura cubana sin escisiones o fronteras ideológicas o políticas? ¿Por qué dejarse manipular por un extemporáneo lugar común? ¿Acaso los «ponentes» ignoraban los antecedentes malogrados, aplastados por un sectarismo consustancial al Poder? ¿Por qué otorgarle al gobierno y al único partido la representatividad de la cultura cubana?

No hay el menor acto de valentía en esa reunión. Lo que parece sobrar, por parte de las autoridades que lo organizaron, es socarronería, picaresca, estafa.

Quizás uno de los insalvables problemas de la Cuba actual sea la falta de credibilidad, porque, ¿cómo a estas alturas creerle a los mismos que despedazaron la familia cubana? La crisis de credibilidad exige cambios reales, sin edulcoraciones ni aceptaciones de lo obvio, sin más demagogia barata.

Prestarse a la farsa es una forma de complicidad, aunque haya sido hecha con las mejores intenciones ecuménicas.