Poemas

De los poemarios:
Vals de los cuerpos cortados, 2004
Salón de última espera, 2007
Los silencios profundos, 2009

Luis Yuseff

De Salón de última espera (2007)

 

Negra leche del alba
te bebemos al amanecer

(Oración para pedir la rosa de nadie)

 

I

Bebiendo a sorbos de muerte, la negra leche del alba, estaba yo contemplando las rosas que me han tocado en este mundo y por las que Dios viene a la tierra, sin el temor de perder el camino que lo llevará de vuelta a las estancias donde sabe estarse quieto.
Allí, a la intemperie, contemplé la rosa suicida de Yukio Mishima, la rosa de oro de Beijing, y la rosa radiactiva del país de los soles rasantes.
Junto a los márgenes evidentes de la sobrevida, estaba yo, pidiéndole una rosa verdadera a Santa Teresita de los Cementerios y le pedía, además, que me ayudara a creer siempre en el gran Amor que Dios me tiene, de modo que yo pudiera echar una mirada a mi alrededor con la paz de los vencidos y la fe de encontrar en las rosas que se me mostraban la flor perdida, la innombrada rosa del Poeta muerto. Pero, en su lugar, se me mostraban todas las rosas del mundo, la rosa escrita de Amherst ─la rosa de Emily Dickinson─ y la rosa de arena, la rosa de Beirut.
Abrían también a mis pies, la rosa imperial austríaca; la rosa cruzada, la flor negra y la rosa del Ponto Euxino que alabara Ovidio en su exilio. Otras, en cambio, se negaban a ser miradas, como la rosa hermética de la Cábala y la rosa mágica y secreta de los judíos.
Ya me marchaba a las horas brutales de la autocompasión, cuando una rosa, al centro de la noche umbría, se alzó como una estrella de sangre sobre los coágulos de la aurora. Y allí estaba frente a mis ojos, resistiéndose al fuego sobre un montículo de cenizas, la rosa de nadie, que resultó ser nada menos que la rosa de Paul Celan.

II

Paul Celan aparta el coágulo de los labios, la rosa de las ruinas; sopla en la jarra donde bebe y su aliento acompaña la mordida al fruto de los mudos, al corazón que mastican sus asesinos, en silencio.
Abre las páginas del diario. Apunta: “Una sombra sobre las aguas
del Sena es una imagen fácil de retener en el papel callado…”
Paul Celan proyecta a la masa líquida el cuerpo de un hombre.
Y ese hombre escribe cantos por doquier.
Cómo es posible escribir versos, Dios mío, no antes o después
sino durante la concentración de las almas, cuando los días se
pegan con un hilo gelatinoso al cráneo.
Por último, lee a Hölderlin: “A veces el genio cae en la oscuridad
y se hunde en el oscuro pozo de su corazón”.

III

Su corazón se hunde.
El otoño comienza a dictarle monótonamente una frase:
“Tiempo es de que sea tiempo”.
Y mira a la tierra con un dolor humano.
Es el tiempo en que deben florecer los almendros,
las piedras dar fruto suave,
conversar y luego escribir un poema,
sin levantar sospechas.

IV

Cómo escribir un verso.
Me aparto el hambre con un golpe de ojos en la garganta y
concluyo: “Escribir un poema después de Auschwitz es
bárbaro” (Theodor Adorno).
Por eso no escribo, dejo gotear la negra leche de los labios
negados a beber, sincronizo los relojes, decido por un tiempo
que habrá de llegar como un golpe de agua o como el río que
devuelve sobre los bancos de arena a sus difuntos.

V

Santa Teresita de los Cementerios, pido para nuestros muertos,
la rosa que habrá de acompañarlos mientras duren los días de
Paul Celan sobre la tierra.

 

Navidad feliz navidad
 I

En casa esperamos el año nuevo. Ya es viejo el año
que termina. Mi madre se anticipa a las nevadas
que envían los amigos en hermosas postales de invierno
(tan distante y desconocido como la felicidad que te desean)
con escenas conmovedoras
donde la Sagrada Familia se reúne
y a la luz esplendente de sus halos
saben disimular la pobreza bajo el cálido sonido
de los villancicos, iniciados una y otra vez
hasta que cesan los artificios de estas postales
que te desean feliz Navidad.

II

Ya es viejo el año que termina.
Mi madre se anticipa en la barriada: ha comenzado su Navidad.
A través de las ventanas
las luces intermitentes
estremecen los sitios con colores burbujeantes
donde los niños se asoman con cara de asombro
aguardando, quizás, la llegada del Mesías,
el Salvador de las almas
misteriosamente seducidas por la belleza.

III

Mi madre espera el año nuevo.
Cada vez su Navidad se acerca más a las lluvias de mayo
filtrándose por las paredes blanqueadas de cal
a los días de abril
a las noches de marzo
a las grandes lunas de enero.
Tiene la esperanza de que alguna vez
las cosas serán diferentes para nosotros.
Que Dios hace milagros.
Y Dios no es esa luz
que la encandila
sino el fuego que enciende
y donde ella quema sus manos.

IV

Navidad. Feliz Navidad.
Ha nacido el niño Jesús.
Bajo el árbol de lucecitas mi madre deja
las manos adormecidas.
Son las duras horas de su fe.
Apenas puedo abrazarla.
Disponer de las sábanas que dejan en el aire su perfume
y este convencimiento amargo
de saber derrotados los días como toros.
Horas sin fe:
extensas como los mares del miedo,
aguas que me traerán de regreso
«sin haber encontrado nada que fuese feliz».

Del Autor

Luis Yuseff
(Holguín, Cuba, 1975). Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Tiene publicados El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002); Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín), Yo me llamaba Antonio Boccardo (Eds. Almargen), Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía), y Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas), todos en el 2004; Salón de última espera (Casa Editora Abril, 2007), Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009), La rosa en su jaula (Ed. Oriente, 2010) y Los frutos de Taormina (Eds. Matanzas, 2010). Ha recibido varios premios, entre ellos el Premio de la Ciudad de Holguín, Premio Alcorta, Premio Anual de Poesía “América Bobia” y Pinos Nuevos, en el 2003; Premio Calendario (2005), Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol” (2008), premio de poesía de La Gaceta de Cuba (2009), Premio de poesía José Manuel Poveda de la Editorial Oriente, Premio de poesía José Jacinto Milanés 2010 y Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2012 con el libro Aspersores. Poemas suyos aparecen recogidos en varias antologías, revistas y periódicos de Canadá, Perú, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, España y Nueva Zelanda. Ha sido el compilador principal de las antologías Memoria de los otros (cuentos, 2006), El sol eterno. Antología de poetas jóvenes holguineros (2009) y La isla en versos. Cien poetas cubanos (2011), publicadas por el sello Ediciones La Luz..