La reciente novela del escritor Javier Vásconez tiene el ambiente de los 60’s, donde Marlon Brando era aquel seductor de películas mientras que en Ecuador se vivían represiones de la dictadura, muchas con referencias al tercer Velasquismo.
La piel del miedo, nombre de la obra, es una novela que tiene algo de biográfica y mucho de imaginación, donde un hombre intenta recuperar pedazos de su herida por la enfermedad que marcó su infancia: la epilepsia.
Todo se desencadena cuando su padre borracho dispara su pistola en la casa familiar, y él apenas puede ser receptor de la ira. Editada por Planeta, la novela de Vásconez llena de personajes a este niño que va descubriendo la amistad cómplice, el erotismo y sobre todo el miedo. La novela pese a que está ambientada en Quito, no recurre a localismos ni a dialectos costumbristas y se centra en referencias más universales.
El profesor de literatura de la Universidad Autónoma de Madrid, Eduardo Becerra, comenta que las virtudes de este escritor son su “espesor, morosidad, ecos y reverberaciones que impregnan al que lee”. También es una novela que nos habla de los vínculos, casi definitivos, que establecemos en el umbral de paso hacia la madurez y sus pérdidas irreparables.
Un personaje lleno de matices es Ramón Ochoa, mejor amigo del colegio de Jorge, quien lleva el hilo de la historia, y con quien la amistad se pactó desde un inicio con sangre. Ochoa siente una fascinación por los tatuajes y a decir de Becerra, “le dan sentido a un argumento que busca la traslación de las emociones a un plano físico, que ya desde el título sitúa a la piel como territorio soberano”.
Vásconez afirma haber pensado La piel del miedo, incluso antes de escribir El viajero de Praga, incluso mucho antes, cuando tenía 21 años de edad. “Era la novela que siempre quise escribir, pero no encontraba el tono. Hoy me siento satisfecho pues ha salido de mi memoria personal. Y el lector, siempre curioso, la tendrá en sus manos para escudriñarla”, comenta.
El escritor y periodista Juan Carlos Moya afirma que el miedo es el protagonista catalizador y “funciona como una larga y ramificada cañería que conduce las aguas empozadas de la memoria”. Ese aspecto que funciona como memoria emotiva narra cómo el pequeño Jorge persigue los pasos de su padre una vez que éste se encuentra en la clandestinidad por la persecución a la que se ve sometido. Pero siempre está presente el miedo, mucho más táctil. Aquel miedo que se guarda en la mente del niño como un “volcán de violencia y delirios”. Frente a esto, el escritor afirma que “todo novelista lleva una barbarie interior y que el poder de contar una historia radica, en cierta medida, en la capacidad de ser uno mismo”.
El padre del protagonista, Rogelio, traicionado por el actual presidente Enríquez, es torturado a causa de las críticas políticas que escribe en su semanario. Tal como lo han hecho varios políticos represores a lo largo de los años en las dictaduras del Cono Sur y que el autor las introduce como motivo importante. Esta situación provoca un abrupto abandono de la casa y el posterior aire de orfandad que recae en el hogar de Jorge, personaje que padece de epilepsia y que le impide recordar ciertos momentos de su vida aumentando más la carga dramática de la historia.
Un elemento recurrente en la narrativa del escritor es la ciudad de Quito, a la cual la considera un hongo en medio de la cordillera. Una ciudad pequeña, provinciana, construida a mediados del siglo pasado. Moya considera también que La piel del miedo puede leerse como una novela del desamparo y la soledad, de la amistad y la necesidad de inventarnos un amor, de crecer a su sombra.