Un puerto para Vásconez. En medio de la sierra, desde donde se deben recorrer horas para divisar el mar, un autor crea y recrea, un puerto. Ciudad de mixturas. Esta creación de una ciudad imaginada es una especie de acto de rebeldía ante la capital andina desde donde crea el narrador ecuatoriano. Esa es la Quito descrita por el narrador ecuatoriano en este libro de cuentos en cuyas páginas saltan personajes que le persiguen a Vásconez desde El viajero de Praga (Alfaguara, 1998), desde mucho antes y que parece continuarán al acecho, según comentó en una entrevista reciente al «anunciar una próxima nóvela.
Siete cuentos conforman Un extraño en el puerto. El texto que da título al libro es un hilvanado relato, en el cual el protagonista comparte el nombre y el oficio del autor, y transmite parte de sus apuestas o necesidades:
«Escribir es igual que fabricar una cadena. Inventamos historias, escribimos la vida de otros porque nadie está satisfecho con la que le tocó en suerte».
La invención de un puerto para Quito, esa andina ciudad divorciada del mar, refleja en buena medida la rebeldía de Vásconez para aceptar pautas y transmite parte de esa búsqueda por construir universos propios, en los cuales predomina un juego con la figura narrativa para acercarnos al plano de la confidencia, tal es el caso de “Angelote, amor mío”, él penúltimo, de los relatos en el orden del libro, que resultó premiado en México.
Personajes marcados por la ficha de la soledad, un estilo directo y cierto aire de nostalgia rodean a Vásconez.
Escritor que, como protagonista de sus propias creaciones, sale a la calle a respirar, en medio de los adioses.