Un extraño en el puerto

Sobre el libro de cuentos homónimo

Por Andrés Cañizales

Un puerto para Vásconez. En me­dio de la sierra, desde donde se deben recorrer horas para divi­sar el mar, un autor crea y re­crea, un puerto. Ciudad de mix­turas. Esta creación de una ciu­dad imaginada es una especie de acto de rebeldía ante la capital an­dina desde donde crea el narra­dor ecuatoriano. Esa es la Quito descrita por el na­rrador ecuatoriano en este libro de cuentos en cuyas páginas sal­tan personajes que le persiguen a Vásconez desde El viajero de Praga (Alfaguara, 1998), desde mucho antes y que parece conti­nuarán al acecho, según comen­tó en una entrevista reciente al «anunciar una próxima nóvela.

Siete cuentos conforman Un extraño en el puerto. El texto que da título al libro es un hilvanado relato, en el cual el protagonista comparte el nombre y el oficio del autor, y transmite parte de sus apuestas o necesidades:

«Escribir es igual que fabricar una cadena. Inventamos histo­rias, escribimos la vida de otros porque nadie está satisfecho con la que le tocó en suerte».

 

La invención de un puerto pa­ra Quito, esa andina ciudad divorciada del mar, refleja en buena medida la rebeldía de Vásconez para aceptar pautas y transmite parte de esa búsqueda por construir universos propios, en los cuales predomina un juego con la figura narrativa para acercarnos al plano de la confidencia, tal es el caso de “Angelote, amor mío”, él penúltimo, de los relatos en el orden del libro, que resultó premiado en México.

Personajes marcados por la fi­cha de la soledad, un estilo di­recto y cierto aire de nostalgia ro­dean a Vásconez.

Escritor que, como protago­nista de sus propias creaciones, sale a la calle a respirar, en medio de los adioses.