"Thecla Teresina", de Javier Vásconez

Sobre el cuento homónimo

Por Juan González Soto
Universidad de Tarragona

Javier Vásconez (Quito, 1946) es el creador de una ciudad imaginada y revisitada una y otra vez en su narrativa. Esa ciudad inventada es su ciudad natal, Quito. La primera obra que publicó fue el volumen de cuentos Ciudad lejana (1982), que ha sido recientemente reeditada en España por Alfaguara (2002). El resto de su obra narrativa la componen El hombre de la mirada oblicua (1989), Café Concert (1994), El secreto (1996), El viajero de Praga (1996), Un extraño en el puerto (1998) y La sombra del apostador (1999).

En diciembre de 2003 sale de las prensas de Paradiso Editores Thecla teresina (Quito: 2003). Se trata de una bellísima edición exquisitamente ilustrada por Manuela Ribadeneira y magistralmente tipografiada.

Thecla teresina es un delicado anticipo de un libro de cuentos futuro. Según informa Fina Godoy en el imprescindible prólogo, el libro llevará por título Invitados de honor. Lo integrarán seis cuentos, cada uno de ellos relacionado con un escritor diferente, y, todos ellos, admirados maestros del narrador ecuatoriano. Los escritores elegidos -invitados, debiera decirse- son Franz Kafka, a quien acompañará el cuento “El baúl” de Lowell; Sidonie Gabrielle Claudine Colette, a quien le dedica el relato “Madame”; William Faulkner, para quien ha escrito “Billy”; Joseph Conrad, a quien brinda “El encuentro” y John Le CarrÉ, a quien ofrece “La guerra fría”. Falta un sexto cuento, este que ahora anticipa al futuro volumen y que ahora se edita, “Thecla teresina”. Javier Vásconez lo escribe al hilo de otro gran narrador admirado, Vladimir Nabokov.

Si con Ciudad lejana (1982), su primer libro de cuentos, se adscribía a lo que pudiera llamarse una poética del mal -que tal vez llegara con El secreto (1996) a su más alta cota-, Javier Vásconez se acercaba a uno de los fundadores de la narrativa ecuatoriana, a Pablo Palacio, el narrador y ensayista nacido en Loja (1906-1947). Cuántas páginas del quiteño evocan aquellas otras de Un hombre muerto a puntapiés (1927) de Pablo Palacio. Se trata, claro está, de una adscripción voluntariamente dispuesta, y que se encamina, implícitamente, hacia la recuperación de una narrativa muy escasamente desconocida. A esa línea de recuperación del gran narrador Pablo Palacio deben sumarse aquellas evocaciones que Javier Vásconez muestra como indudables en su pluma. Además de los escritores ya citados, y que el propio narrador ecuatoriano hace explícitos, están el uruguayo Juan Carlos Onetti y el español Juan Benet, por lo menos. Más de una vez (y lo digo a media voz y con una sonrisa) me he preguntado quién sería capaz de aunar a esos dos grandes maestros. En las páginas de Javier Vásconez se contiene, vivísima, la respuesta.

El cuento que ahora se edita, “Thecla teresina”, es el nombre científico de una mariposa denominada vulgarmente Azulina. Esa mariposa aletea a lo largo de todo el cuento. Y esa mariposa está clavada en un estuche del misterioso Nikolai. Y esa mariposa es calculada ofrenda del viejo rijoso a una niña, Zulema. Esa sórdida historia se hace luminosa en las manos de Javier Vásconez.

 23 de febrero de 2004