Sueños encontrados en un café concierto

Sobre el cuento "Café Concert"

Por Rubén Darío Buitrón

Javier Vásconez tiene una obse­sión: la ciudad. Toda su litera­tura camina desde ella y a partir de ella. Sus textos son la historia clínica de unos lugares, unos se­res y unos sentimientos que se entrecruzan lentos en el corazón de la vida urbana, repe­tida y asfixiante.

Aquella ciudad lejana de Vásconez vuelve a ser contexto, escenario y personaje. Se trata de un noveaoso formato, bellamente presentado, en el que viene un solo cuento, «Café-Con­cert».

En él habitan perso­najes de la mediocri­dad y la sordidez. Vásconez los pinta con poesía circular, como si no pudiera seguir escondiéndo­los en su memoria, como si el río Machángara y el centro colonial y el barrio Viílaflora y todos los paisajes desesperados de la Urbe confluyeran hacia un final: la ne­cesidad de enfrentar esos retos que a uno lo rondan, lo acosan y no lo dejan seguir por la vida has­ta cumplirlos.

En «Café Concert», el único per­sonaje que respira es el fotógrafo Félix Gutié­rrez. Los otros, atados a sus cuellos las cuer­das de la bohemia y el fracaso, están asfixia­dos.

Gutiérrez sobrevive porque es capaz de ir detrás de su obsesión y alcanzarla.

Esa parece ser la mo­raleja: la única justifi­cación a la existencia humana es la vitalidad de realizar un sueño.

 Publicado en El Comercio, Domingo 25 de diciembre de 1994