El escritor Javier Vásconez presentó el pasado miércoles en la capital ecuatoriana su nuevo libro, Estación de lluvia, una selección de cuentos que fueron reescritos en unos casos y afinados por el autor en otros, durante seis meses. Vásconez, quien es autor además de obras como El viajero de Praga, Ciudad lejana, El retorno de las moscas, Jardín Capelo y La sombra del apostador es además de escritor, un lector incansable. Ni bien termina de crear una obra y ya comienza a trabajar en la siguiente. “Tengo que trasladar al papel el libro que tengo en la cabeza”, sentencia mientras habla con entusiasmo de su nueva publicación Estación de lluvia.
¿Cómo define el contenido de Estación de lluvia?
Es una selección de cuentos de todos mis libros. Hace dos años, en Madrid se contactó conmigo Viviana Paletta, editora de la editorial española Veintisiete Letras, para hablar sobre mis cuentos. Y a partir de este encuentro nació la idea de publicarlos. Me pidió un título para la obra y definí que se llamaría Estación de lluvia.
¿Por qué?
Sencillo. La lluvia es constante en mis novelas y en mis cuentos. Y la palabra estación tiene dos sentidos: por un lado están las estaciones de trenes y buses, que también aparecen en todos mis libros, rodeados de viajeros y en época de lluvias.
¿Los cuentos fueron transcritos de un libro a otro?
Trabajé casi seis meses sobre muchos de los cuentos que se están publicando. En unos casos los reescribí, los pulí, los cincelé a fondo. Algunos de ellos, como «La carta inconclusa» o «El hombre de la mirada oblicua», son cuentos que si bien conservan la misma temática, desde el punto de vista estilístico, hay un
mayor cuidado, una mayor exigencia.
Con ocasión de este libro, algunos críticos literarios como Arturo García, Eduardo Becerra y Guido Tamayo han comparado su trabajo con los de Hawthorne y Kafka, de Melville, Onetti, García Márquez, entre otros, ¿qué le hace sentir esto?
Me siento un modesto representante ante estos monstruos de la literatura.
¿A quién de los escritores nombrados quisiera parecerse usted?
A ninguno. Quien intenta parecerse a otro escritor nunca llega a ninguna parte. Mi deseo es ser yo mismo. Quiero que a través de mi estilo, de lo que yo haya escrito quede algo que valga la pena.
¿Por qué considera que ha sido tan elogiado este, su último libro?
Lo que pasa es que estos cuentos los estoy publicando luego de que han pasado más años. Ahora tengo más experiencia, probablemente, tengo más lectores, pero también tengo más críticos, como es lógico en el recorrido de la vida de un escritor.
El crítico colombiano Guido Tamayo dice que es evidente su ubicación (la de Javier Vásconez) dentro de una ciudad de Quito que se debate entre un pasado amenazado por el olvido y la desidia, y un pálido presente signado por una modernidad enceguecedora. ¿Así ve usted a Quito?
A Quito la veo de distintas formas. En cada uno de mis libros es otra ciudad. Si se compara la ciudad de Quito de El viajero de Praga, con la de La sombra del apostador o con la del libro El secreto nos damos cuenta de que hay muchas ciudades de Quito. Y es lógico: Quito es una ciudad que posee muchas miradas, muchos espacios, muchas posibilidades. En varios casos no he querido nombrarla y escribir sobre la ciudad desde la ambigüedad, un poco como desde debajo de la lluvia. Mi relación con la ciudad de Quito siempre ha sido y será conflictiva, pero es mi ciudad, en la que nací y a la que amo. Espero seguir escribiendo sobre ella.
Y en esa misma perspectiva, ¿cómo ve al Ecuador?
Al Ecuador le veo cada vez más desdibujado en muchos aspectos.
¿Por ejemplo?
Es tan largo y complejo todo lo que tendría que decir en relación a mi país… El Ecuador es muy rico en muchos aspectos, sin embargo, también es un país muy conflictivo, hay muchas tensiones entre las regiones, tensiones sociales, hay una falta de claridad en la visión de fondo del Ecuador.
Me parece que pocas veces se ha intentado hacer una relectura a fondo del Ecuador. Creo que seguimos, a veces, anclados; seguimos asidos a una serie de prejuicios, de rencores, que en muchos casos son del pasado. Deberíamos pasar la página e intentar todos los ecuatorianos entrar en la modernidad.
