"Las ciudades son mi paisaje preferido"

Entrevista a Javier Vásconez

Por Clara Medina

Javier Vásconez. Retrato

En pocas palabras, ¿cuál sería el argumento de Jardín Capelo?

Es la historia de una vieja casa colonial, de cuyas paredes brotan los murmullos y las huellas de un a familia. Pero también es la historia de un joven barcelonés, Jordi Sorella, que viaja a los Andes a construir un jardín, acaso un paraíso, y entonces comete el error de enamorarse, por lo que acaba metido en un infierno…

 

Jardín Capelo refleja la decadencia de una familia terrateniente, burguesa, y quizá también la  decadencia de una época (aunque en la novela no se precisa, se intuye: tal vez mediados del siglo XX). ¿Por qué te interesó trabajar este tema en tu nueva novela?

Es cierto que Jardín Capelo trata de la ruina de una familia, no creo que sea, sin embargo, una novela rural. Más bien es una novela de atmósferas, de personajes. Recuerda que parte de la novela transcurre en Barcelona, otra en París, en Quito y el resto en la casona de Capelo. El tiempo que se maneja en la novela es a propósito ambiguo. Transcurre en los años cincuenta en Barcelona y en Quito, años noventa en París, hasta llegar a la actualidad otra vez en los Andes. En todo caso, el tema de la decadencia es tan recurrente en mi obra como el amor, los viajes, la enfermedad y la soledad. Simplemente, está ambientada en una vieja casona del Valle de los Chillos, a veinte kilómetros de Quito. Una casona que aún se la puede visitar, aunque en la actualidad es un club deportivo. Esa casa perteneció alguna vez a mi familia. Ya lo dije. De todas mis novelas es la más personal, pero la menos autobiográfica.

 

Saturnino Collaguazo es un personaje gravitante a lo largo de la historia. Tiene un contacto muy particular con la naturaleza, pero es capaz también de grandes misterios. ¿Cómo trabajaste a este personaje, que es un indígena? ¿Qué rasgos querías destacar en él?

Arriesgarme a escribir acerca de Saturnino Collaguazo fue una osadía, pero a mi gustan los desafíos, sobre todo a la hora de sentarme a escribir. No existe literatura sin riesgo. Durante mucho tiempo este personaje, este guardián de la noche, del jardín, de Lorena me produjo bastantes problemas. No conseguía entenderlo. Tenía demasiados prejuicios. Me sobraba información negativa, sociológica, hecha de lugares comunes acerca de lo que debía ser un personaje de esta naturaleza, hasta que un día mientras iba en el carro lo vi con claridad. Lo vi bailar como a un dios griego, desnudo, enloquecido, en medio de un bosque. Algo parecido me sucedió con el doctor Kronz. Fue como una revelación…

 

En esta novela algunos de los personajes van en busca del amor y de alguna forma lo hallan, pero el precio que deben pagar es muy alto. Es imposible, en esta historia, un amor feliz, gozoso, sereno. ¿Por qué estos amores contrariados?

La literatura, mi literatura está hecha de pérdidas. En serio, ¿existen los amores felices? Nada obsesiona más a un ser humano que la conciencia del fracaso en el amor. De eso nos nutrimos los novelistas. La historia de Lorena y Jordi es igual a cualquier historia de amor, con sus matices y variantes. Pero los escritores seguimos hablamos fatigosamente de amor, desde Shakespeare hasta nuestros días. Y cuando una historia de amor forma parte de una novela, es decir, cuando se transforma en recuerdo creo que estamos ante un drama porque ese sentimiento sólo se alimenta de ausencia. Es como si algo nos quemara en la memoria, y entonces tenemos la obligación de ponerla en palabras, de contarla…

 

Los personajes femeninos son frescos, nada complicados, en contraposición a varios de los masculinos: que son hoscos, desafiantes, o débiles. ¿Cómo delineas los comportamientos y los temperamentos de tus personajes? ¿Piensas en el género en el momento que les impones un carácter o es igual construir personajes femeninos y masculinos?

No creo que Lucinda o Matilde sean personajes nada complicados. Desde que empecé a escribir he tenido mucho cuidado con mis personajes, sin importar si éstos eran hombres o mujeres. Lo que cuenta es que sean convincentes. Quizás porque un personaje es lo que más se recuerda de una novela, al menos ese es mi experiencia como lector. A menudo yo olvido la estructura, la composición y la trama de muchas novelas, incluso he pasado por alto el estilo- al cual  yo le otorgo especial importancia-, pero algunos personajes de Faulkner, por ejemplo, me han acompañado durante años, he dialogado con ellos mi intimidad…

 

¿Qué te evoca el nombre de Jardín Capelo y por qué lo escogiste como título de la obra?

Como si se tratara de una novela gótica, quise hacerle una homenaje, a esa vieja casona donde transcurrió parte de mi adolescencia. En el siglo diecisiete, Capelo perteneció a la iglesia, por eso lleva el nombre de los tapados usados por los obispos. De esa hermosa casa de baldosas azules sólo queda esta novela, es decir, ciento sesenta páginas escritas sin nostalgia. Es una ceremonia del adiós, ya que para eso sirve la literatura.

 

Quito está presente en esta obra, aunque no se llame Quito. ¿Qué relación tienes literariamente con la ciudad, tú ciudad?

Sí,  he hablado de Quito y de muchas ciudades, las ciudades son mi paisaje preferido. Cada ciudad posee un carácter determinado, un estilo, una forma de hacernos sentir las cosas. Entre mis personajes, la desdicha o el amor no es igual en Barcelona que en Quito. He escrito acerca de Praga, de Londres, de París, de Barcelona. Mi relación con Quito es compleja, como la de todos los amores imposibles… Algún día escribiré sobre Guayaquil, sobre todo acerca del río Guayas al cual yo considero uno de los más hermosos del mundo, y que ustedes, los guayaquileños, no parecen haberse dado cuenta…

 

¿Cuál es tu opinión de la Feria del Libro de Guayaquil?

En mi opinión es una gran iniciativa el haber impulsado la feria del libro en Guayaquil. Me parece un acierto de la Alcaldía. El año pasado fue de lo más comentada, asistió mucha gente, hubo tanta alegría y comunicación entre sus participantes que vale la pena repetirlo, hasta convertir a Guayaquil en la ciudad de la feria del libro…

 

Muchas gracias, Javier.