La piel del miedo

Sobre la novela homónima

Por Javier Goñi

Igual que su amigo Ramón sue­ña con hacer tatuajes, y acaso escribir el mundo sobre la piel de una mujer, Jorge, el protagonista de esta excelente novela —va de menos a más—, también lleva sobre su piel el miedo pero no tatuado, sino como si su piel fuera una sábana de cine casero don­de aparecen en imágenes los miedos de la vida. La piel del miedo, del ecuatoriano Ja­vier Vásconez, hunde sus pies en las arenas movedizas de la infancia, cuando un niño, en una época indeterminada, finales de los años cincuenta, y en una ciudad no identifi­cada del todo, Quito se supone, siente el ruido nocturno de un arma —el primer mie­do—, siente o ve a un padre desquiciado —por el miedo: es un periodista que escri­be contra el Gobierno—; un padre que desa­parece o huye, y con su ausencia ese niño tendrá que hacer frente a la vida.

La novela es la narración de una trayectoria en solita­rio, por más que esté rodeado de gente, de un niño que crece sin más brújula que la del miedo y sin más meta que saber qué fue de su padre o dónde está. En ese atravesar la línea poca clara que te saca de la infancia, ese territorio de prestigio sobrevalorado, pa­ra dejarte —solo, con tus miedos— en el mundo de los adultos, Jorge tendrá cerca/le­jos a su madre, alma en pena, que arrastra su propio miedo, y a su hermana, que sólo tiene protagonismo cuando forma parte de los sueños adolescentes de Ramón y se deja tatuar en su vientre una mariposa que como ella nunca volará. Luego aparecerán en su vida otros personajes, los del hotel, todos ellos con cierta fascinación a cuestas y tam­bién lastrados por sus propios miedos: el yóquey Rosendo, el Dr. Kronz (que protago­nizó la primera novela de Vásconez en 1996, El viajero de Praga, que Alfaguara Ecuador ha reeditado con prólogo de Juan Villoro), la señora Isabel y, sobre todo, Fa­biola, esa mujer con pasado que le quita el miedo convenciéndole de que los miedos se llevan tatuados sobre la piel, que eso es el vivir, y no hay más.

Publicado en Babelia, el 5 de febrero de 2011