Tres de los cinco cuentos incluidos en su último libro serán recogidos por publicaciones extranjeras. Su novela, Jardín Capelo, será editada este año.
Javier Vásconez es un mago. Solo así se explica cómo el escritor, nacido en Quito en 1946, logró reunir en la misma ciudad andina a un puñado de autores de distintas latitudes y épocas. Colette, Conrad, Nabokov, Faulkner y Kafka son los Invitados de Honor que rondan los cinco cuentos que conforman su último libro, que lleva precisamente ese título.
Vásconez invita a esos autores, a quienes admira, a protagonizar las historias o a impregnarlas con su esencia. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.
El inigualable autor de Lolita, el ruso Vladimir Nabokov (1899-1977), se pasea por los parajes tropicales persiguiendo el vuelo de una mariposa, un trofeo alado para su creciente colección entomológica. Pero el ruso, que en el cuento tiene el nombre de Nikolai, se cruzará en su camino con Zulema, la sensual versión criolla de Lolita…
«Thecla teresina» es el nombre del cuento en el que se hace un homenaje a Nabokov, y el nombre científico de la Azulina, mariposa de la Amazonia ecuatoriana que sirve de pretexto para la llegada del ruso a estas tierras andinas.
Así pues, Nabokov llega a la tierra de las mariposas porque es un entomólogo profesional, admite Vásconez, con un dejo de sonrisa en sus labios. En su amplio estudio, una especie de santuario de libros dentro de su propia casa, tiene una pequeñísima colección de mariposas amarillas, anaranjadas y rojas.
A Vásconez, al igual que a Nabokov, le apasionan los lepidópteros.
El cuento «Thecla teresina» fue incluido en la edición de abril de la revista literaria Clarín, que se edita en España.
En otra magistral jugada, Vásconez invita al estadounidense William Faulkner (1897-1962), a visitar Sudamérica en una gira para promover la cultura norteamericana. La trama está basada en un hecho cierto, pues Faulkner sí realizó la gira en cuestión, aunque solamente visitó Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires y Lima, en los 60´s. Pero Vásconez se las arregla para que «Billy» (como diminutivamente nombra al autor y al cuento) llegue invitado por la Casa de la Cultura, a fin de reunirse con Benjamín Carrión, en el marco de un viaje organizado por el legendario Edgar Hoover, un personaje real que fue director del FBI y uno de los más grandes espías de este tiempo.
Billy llegará al mismísimo Hotel Majestic (en el corazón del Centro Histórico de Quito), pero su pasión por la hípica (compartida con Vásconez) lo obligará a escapar subrepticiamente al Hipódromo de La Carolina, donde tendrá que correr sobre Lucio, un caballo impredecible…
«Billy», el cuento, será publicado por una revista colombiana, aunque el autor no quiere adelantar detalles.
Al checo Franz Kafka (1883-1924) Vásconez lo evoca en «El baúl de Lowell». En este cuento está presente la figura del doctor Kronz, un personaje familiar en la narrativa de Vásconez, ya que también apareció en El Viajero de Praga. Lowell es un comisario checo que se encargará de terminar con la vida amorosa de Kronz y parece extraído de El Proceso kafkiano.
La revista Letras Libres (editada en México y en España) escogió a «El baúl de Lowell» como parte de una antología de cuentos en forma de libro que incluye títulos de autores como César Aira, Jorge Semprún, Ricardo Piglia, Jorge Edwards y Guillermo Cabrera Infante.
Invitados de Honor es el resultado de un experimento que Vásconez realizó hace dos años, cuando escribió «El enlace», un cuento vagamente relacionado con Joseph Conrad (1859-1924), publicado en la revista El Extramundi editada por Camilo José Cela. «Alguien me sugirió que hiciera el mismo experimento con otros escritores. Por eso me arriesgué a invitarlos a la ciudad andina. Sí, de alguna forma los obligué a venir», confiesa.
Un sexto cuento («La Guerra Fría») no fue incluido en el libro, porque terminó convertido en una novela corta. Esta obra es un homenaje a John Le Carré (1931). «Pienso que detrás de todo escritor hay un espía, un topo que se alimenta y se mueve en las más zonas oscuras de la mente y los sentimientos».
Invitados de Honor circuló con la décima edición de la Revista El Búho. «Tanto la revista como el libro se ayudaron entre sí. La revista fue las alas del libro y le permitió llegar a sitios lejanos del país, en cambio, el libro le dio un vuelo muy especial a la revista». La experiencia fue exitosa y la edición está agotada.
Con el tiempo, el libro empezó a volar con sus propias alas. Los tres cuentos incluidos en antologías de otros países son la prueba. Pero el escritor, uno de los más significativos de la narrativa contemporánea, tiene otros proyectos en camino.
Jardín Capelo
Vásconez se declara satisfecho con este libro de cuentos, el cual se cruzó con la escritura de su novela Jardín Capelo. Tenía escrito el 75 por ciento de la novela, pero fue tal la intensidad con que se manifestaron los cuentos que prefirió interrumpir su escritura y dar vida a los cuentos. «Con el cuento hay una necesidad casi compulsiva de escribirlo, es como contar un sueño, si lo dejas ir se va como una mariposa».
Después de esa pausa obligada, volvió a concentrarse en Jardín Capelo: Es una historia de amor y de decadencia. Pero además es la historia de un jardinero catalán que viene al escenario de una casa ubicada en el valle de Los Chillos. «La pausa para escribir “Invitados de honor” me permitió dejarla reposar. Con la literatura pasa lo mismo que con a la cocina: con el tiempo las cualidades y defectos de un plato aparecen en toda su plenitud». La novela será publicada este año por una editorial española.
Vásconez es un incansable editor. Ha concluido la edición de las obras de autores ecuatorianos, entre ellos José de la Cuadra, Medardo Angel Silva, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, y está por salir la Obra Selecta de Ángel F. Rojas, Alfredo Pareja Diezcanseco y Demetrio Aguilera Malta. Lo hizo por encargo de Municipio de Guayaquil.
Sus inicios
Vásconez empezó temprano, en un hogar donde abundaban los libros porque su padre (Gustavo Vásconez Hurtado) era escritor e historiador. Quizás por eso, a los nueve años había leído la mitad de la obra de Julio Verne.
En su escritorio, en la segunda planta de su casa en La Mariscal, Vásconez encuentra la inspiración para su trabajo junto a un ventanal enorme, por donde se cuelan al mismo tiempo la luz y la imagen de un plátano que él mismo sembró años atrás, al igual que otros árboles de la calle, porque siente fascinación por los bosques y el mar.
¿Paradojas? Haber nacido en una ciudad andina, rodeada por montañas cuando él prefiere las ciudades junto al mar. Quito es una ciudad que, sin embargo, no deja de sorprenderle con sus hondonadas y quebradas. Una ciudad con una luz muy especial. Ciudad Lejana, como tituló a su primer libro. Una ciudad de bellos amaneceres, que le invita a escribir, «aunque a veces me siento un exiliado y la escritura aumenta la incertidumbre al no saber adónde voy parar».
Quizás por eso tiene su refugio de fresnos y maples en su propia casa, es su propio bosque. Por algo, Javier Vásconez sabe cómo hacer magia…
Reportaje aparecido en el número en la Revista Vistazo del 28 de Abril de 2005