La desrealización de la narrativa contemporánea:
La sombra del apostador, de Javier Vásconez

Sobre La sombra del apostador

Por Marta Aponte Alsina
Universidad de Guanajuato. México

Si otrora la escritura fue una forma de realizar mundos —reales, al dar cuenta de su existencia; o posibles, al generarlos— la narrativa actual, aquella que etiquetamos bajo el rótulo de ‘posmoderna’, parece enfrentar dentro de su propia diégesis la inviabilidad de tal esfuerzo. No nos referimos a la ‘metaliteratura’, que a estas alturas de novedad tiene poco, y cuya tematización del ejercicio escritural no pone en duda su fundamento cosmogónico. Aludimos a una práctica más radical: la de la horadación de los mismos cimientos de la narración. Por supuesto, esto tampoco es nuevo: conocemos bien los experimentos vanguardistas como para saber que no somos los primeros, ni muy probablemente, tampoco seremos los últimos, en cuestionarnos la pertinencia de la lógica narrativa tradicional en una época donde todo paradigma se vuelve sospechoso o, en el mejor de los casos, transitorio. Pero mientras los ismos se propusieron reemplazar un orden por otro (y la considerable suma de manifiestos, proclamas y estatutos programáticos que nos legaron dan cuenta de ello), el proceso deconstructivo que hoy se desarrolla no maneja propuestas alternativas; carece de poéticas y gestos refundacionales. Este tipo de narrativa exhibe, a nivel estructural y diegético, su propia impotencia creadora, así como el desencanto en el que aquélla desemboca.

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La desrealización de la narrativa contemporánea: La sombra del apostador, de Javier Vásconez