Viento Sur, la aventura editorial de Gorka Ochoa se estrena con la nueva novela de un autor siempre subyugante y todavía por descubrir.
El miedo capitaliza su novela. ¿Es una manera de exorcizar sus fantasmas?
El miedo probablemente sea el telón de fondo de la novela. Pero en La piel del miedo hay muchos más fantasmas que los personales. En casi todos mis libros anteriores existe el mismo proceso de exorcismo. Supongo que es parte del oficio de escritor, aunque en La piel... hay por añadidura algunos elementos autobiográficos. Alguien ha señalado que es además una novela de fantasmas, no en el sentido gótico, sino por la cautela y prudencia casi imperceptible con que se deslizan los personajes por la novela.
Ese miedo se entrelaza con la enfermedad del protagonista. ¿Es una manera de otorgarle aún mayor vulnerabilidad para que el lector sienta compasión por él?
La enfermedad de Jorge Villamar es sólo un detonante para adentrarse en algo tan humano como el miedo. Creo haber tratado las crisis del protagonista como cualquier experiencia, ya sea ésta amorosa o la participación en una guerra. Una noche estalla la violencia en el hogar de Jorge gracias a un padre alcoholizado y perseguido por la violencia política, y ahí comienza todo… El miedo es uno de los grandes temas literarios. Desde la Biblia hasta Dante, Shakespeare y Kafka. Y toda la novela negra. He cuidado el tratamiento no sólo del miedo, sino de la enfermedad del muchacho. No quería caer en «lo barato», en lo sentimental. Por eso he tardado quince años en encontrar el tono adecuado para abordar y escribir con distancia un tema tan delicado.
Deja pasar por la novela un desfile de personajes que quedan grabados en la conciencia del lector. ¿Qué importancia tienen en la trama?
Es la historia de un joven y su familia en una ciudad concreta. Un joven peculiar, sensible, que padece epilepsia, y que inventa y sueña a Fabiola Duarte (una cantante con la que tiene su primer amor), a su padre ausente e incluso a la misma ciudad en la que vive. Es una novela de muchas historias entrelazadas entre sí por el miedo y la memoria. Historias relacionadas con la hípica, con la enfermedad, con el amor, con la traición, con la violencia sexual y la amistad. En el universo literario por el que he venido transitando y construyendo, situado en una ciudad algo difuminada por la lluvia y no siempre nombrada, hay personajes que van y vienen de una novela a otra, de un cuento a otro.
¿Es el mercado editorial español una jungla por la que es muy complicado transitar y escalar?
Es una jungla en la que no siempre salen ganando los mejores escritores, sino los que tienen más «palancas», los mejor relacionados. Algunas editoriales poderosas afirman estar sometidas a la ley del mercado, es decir, a lo que se vende más, pero no estoy muy seguro de eso.
Alterna en su producción literaria el relato corto y la novela. ¿En qué género se siente más cómodo?
El año 2009 salió Estación de Lluvia. El cuento es un género mayor, de dudosa tradición en España. Sin embargo, muy cotizado y admirado en América Latina. Escribo cuentos y novelas con la misma pasión, pero, claro, depende mi estado de ánimo. La novela es una construcción, algo que uno va alimentando día a día y requiere perseverancia. El cuento es un resplandor o una pesadilla.
