Javier Vásconez en Cambio 16

Publicada el 31 de enero de 2011

Por Natalio Blanco

Javier Vásconez. Retrato

Viento Sur, la aventura editorial de Gorka Ochoa se estrena con la nueva novela de un autor siempre subyugante y todavía por descubrir.

El miedo capitaliza su no­vela. ¿Es una manera de exorcizar sus fantasmas?

El miedo probablemente sea el telón de fondo de la nove­la. Pero en La piel del miedo hay muchos más fantasmas que los personales. En casi todos mis libros anteriores existe el mismo proceso de exorcismo. Supongo que es parte del oficio de escritor, aunque en La piel... hay por añadidura algunos elemen­tos autobiográficos. Alguien ha señalado que es además una novela de fantasmas, no en el sentido gótico, sino por la cautela y prudencia casi imperceptible con que se deslizan los personajes por la novela.

 

Ese miedo se entrelaza con la enfermedad del protago­nista. ¿Es una manera de otorgarle aún mayor vulnera­bilidad para que el lector sienta compasión por él?

La enfermedad de Jorge Villamar es sólo un detonante para adentrarse en algo tan humano como el miedo. Creo haber tratado las crisis del protagonista como cual­quier experiencia, ya sea és­ta amorosa o la participa­ción en una guerra. Una no­che estalla la violencia en el hogar de Jorge gracias a un padre alcoholizado y perse­guido por la violencia políti­ca, y ahí comienza todo… El miedo es uno de los gran­des temas literarios. Desde la Biblia hasta Dante, Sha­kespeare y Kafka. Y toda la novela negra. He cuidado el tratamiento no sólo del mie­do, sino de la enfermedad del muchacho. No quería caer en «lo barato», en lo sentimental. Por eso he tar­dado quince años en encon­trar el tono adecuado para abordar y escribir con dis­tancia un tema tan delicado.

 

Deja pasar por la novela un desfile de personajes que quedan grabados en la conciencia del lector. ¿Qué im­portancia tienen en la tra­ma?

Es la historia de un joven y su familia en una ciudad concreta. Un joven peculiar, sensible, que padece epilep­sia, y que inventa y sueña a Fabiola Duarte (una cantan­te con la que tiene su primer amor), a su padre ausente e incluso a la misma ciudad en la que vive. Es una nove­la de muchas historias entre­lazadas entre sí por el miedo y la memoria. Historias re­lacionadas con la hípica, con la enfermedad, con el amor, con la traición, con la violencia sexual y la amis­tad. En el universo literario por el que he venido transi­tando y construyendo, situa­do en una ciudad algo difuminada por la lluvia y no siempre nombrada, hay personajes que van y vienen de una novela a otra, de un cuento a otro.

 

¿Es el mercado editorial es­pañol una jungla por la que es muy complicado transitar y escalar?

Es una jungla en la que no siempre salen ganando los mejores escritores, sino los que tienen más «palancas», los mejor relacionados. Al­gunas editoriales poderosas afirman estar sometidas a la ley del mercado, es decir, a lo que se vende más, pero no estoy muy seguro de eso.

 

Alterna en su producción literaria el relato corto y la novela. ¿En qué género se siente más cómodo?

El año 2009 salió Estación de Lluvia. El cuento es un género mayor, de dudosa tradición en España. Sin embargo, muy cotizado y admirado en América La­tina. Escribo cuentos y no­velas con la misma pasión, pero, claro, depende mi estado de ánimo. La nove­la es una construcción, al­go que uno va alimentan­do día a día y requiere per­severancia. El cuento es un resplandor o una pesa­dilla.