Imagen del espía

Sobre Poema a la obra de Javier Vásconez

Por Cristóbal Zapata

Sobre el improvisado escritorio de escolar
Con su viejo traje de campaña y sus plumas de fantasía
El Fabulador se dispone a erigir el mapa y catastro de la ciudad lejana:
casas, edificios, iglesias y haciendas,
los bienes inmuebles y los inveterados males de la especie
cobran cuerpo en el cuaderno que los cuenta.
Puebla la ciudad con personajes venidos de su memoria
de otros libros y latitudes, con reos y náufragos de tierra firme:
un niño epiléptico, un fotógrafo melancólico,
un pederasta blasfemo, un psicópata ilustrado,
cantantes distraídas, espías extraviados,
avezados jockeys, muchachas de diabólica inocencia.
Y entre ellos, ominosos u omniscientes
un cojo canalla y un médico exilado del tiempo,
sombras de hombres, sombras de obras.

 

Cada frase es una cuadra de tinta
y el croquis de la urbe soñada
se despliega como una carta inconclusa
siempre infinita y recomenzada.
Mientras fatiga las epifanías del desarraigo y el mal
de la soledad y el amor, el Fabulador sospecha
que la trama secreta de cada historia
es la escritura misma, la apasionada forja del relato
como la mirada oblicua del espía
o el recorrido esquivo de una línea.
Entonces, una vez más, reanuda con pulso lento
el arduo diseño de su cartografía.

                                                                                   Cuenca, septiembre 18, 2006.