Ambientes, conflictos y personajes de la llamada «guerra fría», así como de la literatura que se inspiró en ella, tienen en El retorno de las moscas de Javier Vásconez una sorprendente recreación, en una ciudad enclavada en el callejón interandino, aparentemente apacible y en la que el tiempo parece tener una dinámica diferente o al margen del resto del planeta. En efecto, en Quito ubica Vásconez el asesinato de un espía, y en sus hoteles, tugurios, calles y parques se desenvuelve su nueva novela.
Como Invitados de honor (2004), en su nueva novela Vásconez rinde homenaje a uno de sus autores favoritos: John Le Carré. Y si en esos cuentos Kafka, Nabokov, Conrad, Colette y Faulkner se transforman en personajes, Vásconez en El retorno de las moscas utiliza un personaje de Le Carré y al propio novelista inglés. Culmina en esta novela un inteligente proceso intertextual practicado con agudeza, guiños evidentes y potenciando de los recursos expresivos que el autor de El espía que surgió del frío le proporciona.
Esta novela nos introduce en una escabrosa, intrigante y extraña misión al célebre «espía casi perfecto» George Smiley en una lejana ciudad sudamericana, para lo cual Vásconez no tiene reparos en distorsionar «algunos episodios, diálogos y situaciones» de algunas de las mejores novelas de Le Carré. Para cada uno teje una historia que tiene como escenario y co-protagonista a Quito, la misma y a la vez diferente en cada una de sus obras.
Allí se encuentra con Philip Albee, personaje inspirado en una de las figuras más controvertidas del espionaje contemporáneo. El asesinato de Gregorivius, un estrafalario diplomático ruso, propicia el sutil duelo de los servicios de inteligencia más connotados de nuestro tiempo, gracias a una espléndida trama en la que se tejen, además, amores contrariados por el dolor, extrañamiento e insólita fidelidad de sus protagonistas.
Una trama en la que asoman, como agoreras y persistentes moscas, sombríos representantes de un submundo insondable. Y que tiene como eje un enfrentamiento probable (uno más) con el elusivo agente Karla de la KGB, para quien Smiley es el único digno adversario. Como Kronz, protagonista de El viajero de Praga (1986), Gregorivius es un personaje abrumadoramente desolado, y de la misma manera que Roldán, el asesino de La sombra del apostador (1999), sometido a un destino ineludible e implacable.
De manera que no es sólo el escenario el nexo entre estas dos anteriores novelas de Vásconez y El retorno de las moscas, sino la minuciosa voluntad de autodestrucción y confinamiento en sí mismos de sus personajes. El retorno de las moscas, novela breve e intensa, es otro de esos «mecanismos de relojería» desbordantes de humanidad, a los que Javier Vásconez tiene habituados a sus lectores. Un mecanismo lúdico, desafiante de la imaginación y poéticamente simbólico.